Jorge Chávez: El aeropuerto que parece hangar vuelve a fallar

El 23 de agosto de 2025, el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez volvió a fallar. Esta vez, no se trató de inundaciones ni de retrasos eternos por obras sin fin: el sistema de información de vuelos (FIDS) colapsó, dejando a miles de pasajeros a ciegas frente a pantallas negras. El “moderno aeropuerto” que fue presentado con maquetas brillantes, renders en 3D y promesas de estándar internacional, en la práctica funciona como un hangar improvisado con altavoces rotos. Cada cierto tiempo ocurre algo: si no es agua en los techos, es humo en las salas, y si no, es el software que se apaga en plena operación.

El comunicado oficial fue tan rutinario como vacío: “Estamos presentando fallas en el sistema de información de vuelos; por favor, acudan al personal de chaleco amarillo o al WhatsApp”. Sí, en pleno siglo XXI, el aeropuerto más importante del país resolvió un colapso tecnológico enviando a los pasajeros a preguntar uno por uno a trabajadores desbordados, o a conectarse al chat de la esperanza digital. Mientras en otros aeropuertos del mundo los paneles funcionan con precisión suiza, en el Jorge Chávez el sistema se maneja como tómbola: no sabes si tu vuelo sale, se retrasa o desaparece de la pantalla.

El FIDS, pieza básica en cualquier terminal aéreo, es el encargado de mostrar en tiempo real el estado de los vuelos. Pero en Lima, donde se invirtieron millones para modernizar el terminal, falla con la frecuencia de un reloj viejo. Y cuando falla, todo colapsa: filas interminables en mostradores, confusión entre pasajeros, personal saturado y usuarios que descubren tarde que perdieron su conexión. La supuesta puerta de entrada del Perú al mundo se comporta como una terminal de provincia improvisada a último minuto.

Lo indignante es que no es la primera vez. El Jorge Chávez ya tuvo su capítulo de inundación por filtraciones de agua, y más de una vez se ha visto envuelto en problemas de organización. La promesa del “megaproyecto aeroportuario” quedó en el papel y en las pantallas de PowerPoint. El país sigue esperando un verdadero aeropuerto de estándares internacionales, pero en lugar de eso tenemos un terminal que cada cierto tiempo confirma lo obvio: somos expertos en vender humo y renders, no en construir soluciones duraderas.

Mientras tanto, los pasajeros —nacionales y extranjeros— son testigos de este espectáculo tercermundista. El aeropuerto es la primera y última impresión de un país: y lo que Jorge Chávez transmite es un mensaje claro, aunque vergonzoso: “Bienvenido al Perú, tierra de megaproyectos que se derrumban al contacto con la realidad”.

Lo que ocurre en el Jorge Chávez no es solo una falla técnica: es un símbolo del país. Una nación que se conforma con promesas en maquetas, que celebra inauguraciones a medias y que normaliza fallas recurrentes en su infraestructura más estratégica. El aeropuerto debería ser el escaparate del Perú ante el mundo, pero se parece más a un taller improvisado con wifi débil y soluciones parche.

Reflexión final
En el Perú del 2025, seguimos soñando con un aeropuerto moderno mientras convivimos con pantallas apagadas, inundaciones y sistemas colapsados. Nos vendieron un megaproyecto futurista, pero nos entregaron un terminal que falla como si estuviera diseñado en los años 70. Y lo peor: nos dicen que habrá que esperar otros 30 o 50 años para tener un aeropuerto de verdad. La ironía es amarga: en un país donde los pasajeros pagan tarifas internacionales, lo que reciben es una experiencia de aeropuerto que apenas califica como hangar.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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