Boluarte compra aviones de guerra y policías no tienen chalecos

En el Perú del 2025 la ecuación es clara: hospitales sin medicinas, escuelas sin maestros, policías sin chalecos… pero cazas de combate en la lista de compras. Mientras las bandas criminales gobiernan las calles y la población se siente abandonada, la comitiva ministerial viajan a Suecia y Francia para evaluar aviones de guerra de 120 millones de dólares cada uno. ¿La justificación? Evitar la “orfandad estratégica”. La verdadera orfandad, sin embargo, ya la vive el ciudadano de a pie, que sobrevive sin seguridad, sin salud y sin Estado.

El ministro de Defensa, el canciller y el comandante general de la FAP ya tienen agenda en Estocolmo y París. Revisarán el Gripen E sueco y el Rafale F4 francés, dos aviones de última generación que suenan más a catálogo de lujo que a necesidad urgente. En total, la compra podría superar los 3,500 millones de dólares. Es decir, el equivalente a miles de patrulleros, hospitales equipados, colegios construidos y medicinas aseguradas. Pero la elección del Gobierno está clara: aviones primero, ciudadanos después.

La paradoja es grotesca. Mientras se negocian cazas supersónicos, la Policía combate el crimen con apenas el 30 % de su flota operativa y sin chalecos antibalas suficientes. Mientras se firma con Dassault o Saab, los hospitales reportan desabastecimiento de medicinas esenciales. Mientras se habla de “transferencia tecnológica” con Brasil o Francia, las escuelas rurales siguen con techos de calamina y maestros que cobran tarde.

Boluarte, en su discurso desde la Base Aérea Las Palmas, dijo: “No dejemos a la patria en orfandad estratégica”. El sarcasmo se escribe solo: la patria ya está en orfandad, pero no militar, sino social. Los peruanos viven huérfanos de Estado en cada esquina donde la extorsión manda, en cada mercado donde se cobra cupo, en cada barrio donde el sicariato se normalizó. Ningún Gripen ni Rafale resolverá lo que una comisaría sin gasolina y un hospital sin medicinas no pueden atender.

El trasfondo es evidente: más que una estrategia de defensa, es una estrategia de conveniencia. Quedar bien con las Fuerzas Armadas, garantizar favores, entregar audis a generales y apostar por vitrinas militares mientras el país real se hunde. Se invierte en aviones que nadie sabe si alguna vez despegarán para defendernos, pero no se invierte en lo que sí salvaría vidas hoy.

El Perú no está perdiendo la guerra en el aire, la está perdiendo en tierra. La delincuencia avanza, la pobreza se agrava, los servicios colapsan. Y frente a eso, la respuesta oficial es una compra multimillonaria que alimenta más la ilusión de poder que la realidad de protección. El verdadero enemigo del país no vuela, camina por nuestras calles y se apodera de ellas.

Reflexión final
El país no necesita cazas supersónicos, necesita un gobierno que aterrice. Comprar aviones de guerra mientras las mafias cobran cupos es como llenar de cohetes un cielo despejado mientras en la tierra todo arde. Dina Boluarte no quiere quedar bien con los ciudadanos, quiere quedar bien con los cuarteles. Y así, la gran ironía nacional se consuma: el Perú se arma para una guerra que no existe y se rinde ante una delincuencia que ya nos ganó.

Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra

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