El Congreso presenta proyectos populistas para pescar votos

El Congreso peruano ha logrado lo que parecía imposible: convertirse en el poder del Estado más repudiado de la historia. Con apenas un 7% de aprobación —es decir, menos respaldo que la letra pequeña de un contrato bancario— sus integrantes insisten en el truco de feria que dominan a la perfección: presentar proyectos populistas para pescar votos a pocos meses de las elecciones. La maniobra es tan vieja como inútil. Porque aunque intenten disfrazarse de benefactores, la ciudadanía ya los identifica como lo que son: un parlamento que legisla para blindarse, repartirse empleos y sobrevivir en medio de la indignación general.

El espectáculo es grotesco. Se multiplican las propuestas absurdas, improvisadas y sin sustento técnico, que nacen muertas pero cumplen un objetivo: aparecer en titulares. El caso del Impuesto a los Bienes de Lujo presentado por Sigrid Bazán es un buen ejemplo: una iniciativa que revive un intento fallido de los años noventa y que, según expertos, no tendría impacto en la recaudación ni posibilidad real de fiscalización. Pero ¿qué importa la viabilidad cuando lo que se busca es publicidad electoral?

La otra joya populista provino de Podemos: destinar el 10% del PBI a Educación. La cifra suena grandilocuente, pero es financieramente imposible. Y lo más irónico es que el mismo Congreso que ahora promete una revolución educativa fue el que dinamitó la meritocracia docente, debilitó la Sunedu y protegió universidades bamba. Hablan de calidad educativa mientras legalizan la mediocridad. El doble discurso es tan evidente que roza la burla.

No satisfechos con esos malabares, también lanzaron la propuesta de permitir el retiro de 4 UIT de la ONP, sabiendo que ese sistema no tiene cuentas individuales. Un despropósito que, de aprobarse, comprometería casi la mitad del presupuesto nacional. Pero la lógica es clara: no importa el país que quede después, lo importante es arrancar un par de titulares antes de que las urnas los sepulten.

Detrás de esta pirotecnia legislativa se esconde lo único que el Congreso ha hecho con disciplina: el blindaje. Blindan a Dina Boluarte para que aguante hasta el 2026, blindan a los suyos en casos de “mochasueldo”, blindan a los implicados en redes de favores, blindan a todo aquel que pueda devolverles el favor mañana. Y en medio de tanto blindaje, el hemiciclo terminó convertido en lo que es: una agencia de empleos con presupuesto público, salpicada por escándalos tan grotescos que incluyen denuncias de prostitución y redes clientelistas.

El Congreso de la República no legisla para el futuro, legisla para su supervivencia inmediata. Cada proyecto populista es un salvavidas electoral lanzado en medio del naufragio. Pero ya no engañan a nadie. Con apenas un 6% de respaldo, sus integrantes han alcanzado la hazaña de volverse irrelevantes para la ciudadanía. Y por más leyes improvisadas que intenten vender, lo único que acumulan es más desprecio.

Reflexión final
El circo parlamentario ya no divierte: indigna. Mientras el país se desangra por la inseguridad, la crisis sanitaria y el colapso educativo, los congresistas insisten en hacer de la política un espectáculo barato. Preparémonos, porque la temporada electoral recién comienza y el Congreso seguirá sacando proyectos de la manga como magos de quinta categoría. La diferencia es que su público, el país entero, ya no aplaude: espera el momento de bajarlos del escenario en las urnas. Y ese castigo, a diferencia de sus leyes populistas, sí tendrá efectos duraderos.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

Lo más nuevo

Artículos relacionados