¿El Cartel de los Soles opera en el Perú? La pregunta parece sacada de un informe de inteligencia, pero en realidad debería formar parte de un parte policial diario. Porque si algo nos sobra es territorio libre para que cualquier organización criminal se instale sin mayor resistencia. Mientras otros países de la región ya lo han declarado una amenaza terrorista, aquí seguimos discutiendo mociones en el Congreso como si con declaraciones en papel se detuviera la cocaína que corre por nuestras fronteras.
El especialista Pedro Yaranga lo dejó claro: el Cartel de los Soles es un engranaje del régimen venezolano, con altos mandos militares y políticos metidos hasta el cuello en el negocio de la droga. Según Estados Unidos, Nicolás Maduro no solo dirige un país, dirige una empresa criminal con filiales que incluyen al Tren de Aragua y al Cartel de Sinaloa. Y si el Tren de Aragua ya es actor habitual en el Perú, la pregunta sobre los Soles deja de ser “hipotética” y empieza a sonar a realidad inevitable.
Pero aquí lo verdaderamente grave no es lo que puedan traer desde afuera, sino lo que ya tenemos adentro. El Perú hoy es un tablero controlado por mafias: sicariato, secuestros, extorsiones y cobros de cupos son la versión criolla de un Estado paralelo. La minería ilegal, mientras tanto, avanza en nueve regiones amazónicas lavando dinero y devorando bosques con la misma voracidad que la cocaína devora vidas. Es decir, el terreno ya está listo, solo falta que alguien cuelgue el cartel luminoso de “Bienvenidos, aquí no hay gobierno”.
Y mientras el crimen organiza congresos paralelos de eficiencia, el Estado peruano organiza… nada. Dina Boluarte carece de plan de gobierno, menos de un plan contra el narcotráfico. Sus ministros son meros maniquíes en una vitrina política que ya nadie visita. El Congreso, por su parte, juega a la neutralidad cuando no está ocupado en blindajes o aumentarse privilegios. El resultado es un Estado reducido a observador impotente, cuyo único proyecto es llegar con respirador artificial al 28 de julio de 2026.
En este contexto, preguntarse si el Cartel de los Soles operará en el Perú es casi un chiste: ya lo hace a través de sus brazos armados, ya comercia con mafias locales y ya encuentra un escenario perfecto donde el crimen avanza y el Estado retrocede.
Declarar al Cartel de los Soles como “organización terrorista” puede sonar valiente, pero es inútil sin acción real. El país necesita interdicción, inteligencia y cooperación internacional, no mociones que terminan archivadas. La amenaza es real: estamos al borde de convertirnos en plataforma regional del narcotráfico.
Reflexión final
La pregunta no es si los Soles llegarán al Perú, sino si nos daremos cuenta antes de que nos conviertan en su sucursal. Porque mientras las mafias trabajan en turnos de 24 horas, el gobierno solo cumple horario de oficina… cuando no está en pausa de sobrevivencia. Y así, el Perú corre el riesgo de convertirse en el modelo más perverso de la región: un narcoestado con fachada democrática, donde las urnas legitiman lo que las mafias ya gobiernan.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
