Huanta se unió y logró el campo sintético del Colegio Gonzáles Vigil

Huanta, ciudad de historia rebelde y coraje ancestral, acaba de escribir una página digna de epopeya: el campo deportivo del emblemático Colegio Gonzáles Vigil, después de décadas de espera, hoy viste césped sintético. Lo que parecía un anhelo imposible se volvió verdad bajo el sol huantino. Y no lo hizo Dina Boluarte, ni Wilfredo Oscorima, presidente Regional de Ayacucho; lo hicieron sus hijos, los vigilianos, el pueblo que decidió no rendirse más al olvido.

La Asociación de Exalumnos Vigilianos (ASEVIG) fue el motor de esta gesta titánica. Jorge Ruiz, su presidente, junto a Yuleva Yaranga, Edgard Cisneros, Alan Barreto, Jorge Vilchez, Luis Lama, Julio Huamán, Jorge Lazón, Freddy Abad y Radio Huanta 2000 condujeron con firmeza y entrega una cruzada que no solo reunió recursos, sino también sueños. A su lado, el director del colegio, profesor Duval Vásquez, y el alcalde de Huanta, Belisario Lope Romaní, hicieron posible la hazaña. Fue el eco de un pueblo entero que, por fin, se escuchó.

Y en medio de esta historia, brilla el nombre de la familia Hiraoka, encabezada por Carlos Hiraoka. Su generosidad, que tantas veces se ha sentido en Huanta, volvió a encender la llama vigiliana. En antaño regalaron una piscina al colegio, donaron la casona que hoy alberga la Casa de la Juventud, y un local en Lima para el club social de los residentes. Hoy, nuevamente, su aporte se convierte en cimiento de futuro. El imperio que nació en Huanta no olvidó nunca sus raíces, y esas raíces ahora florecen en verde esperanza.

Pero esta obra no tiene un solo dueño. Es el triunfo de todos. Exalumnos, alumnos, docentes, padres de familia, empresarios y vecinos que, con teletones, rifas y donaciones, tejieron una gesta popular. Cada moneda fue un ladrillo, cada gesto fue un cimiento, cada jornada voluntaria fue una piedra más en este muro de dignidad. Huanta no solo construyó un campo deportivo: sembró la certeza de que unidos se pueden vencer los años de indiferencia estatal.

En este campo también late un recuerdo inmortal. El profesor Erwin Quispe Calderón, fundador y gestor visionario de ASEVIG, descansa hoy en paz, pero su espíritu vigiliano habita en cada rincón de esta obra. Él soñó con una asociación sólida, capaz de defender a su alma mater, y hoy desde la eternidad sonríe al ver que su semilla germinó. Este césped es también su legado: invisible, eterno, vibrante, bordado con el hilo de su memoria.

El viernes 5 de septiembre no será un día cualquiera. Será el día en que Huanta, la ciudad heroica, inaugurará no solo una cancha, sino un símbolo. Y como toda hazaña merece su fiesta, el sábado 6 el pueblo vigiliano celebrará con un corso deportivo y partidos entre exalumnos de todas las generaciones. No será un simple encuentro deportivo: será la procesión del orgullo vigiliano, el desfile de la memoria y la confirmación de que, cuando el pueblo quiere, el olvido retrocede.

Porque este césped no es solo fibra sintética. Es el triunfo sobre la desidia de décadas, la respuesta a la indiferencia de gobiernos centrales y regionales que, Dina Boluarte y Wilfredo Oscorima, jamás tendieron la mano. Es la victoria de la unidad sobre el abandono, la prueba de que la esperanza, cuando se siembra en comunidad, florece en hazañas colectivas.

Hoy Huanta nos recuerda que el deporte no es privilegio, sino derecho. Que la educación no solo se imparte en aulas, sino también en campos que enseñan disciplina, juego limpio y sueños compartidos. Que el Colegio Gonzáles Vigil no forma únicamente alumnos, sino héroes anónimos, capaces de transformar la realidad con coraje y fe.

Y este campo de juego, que ahora se abre al mundo, será mucho más que un espacio deportivo. Será el verdadero legado: servirá a todos los alumnos del colegio, a la comunidad huantina entera y a las generaciones venideras. Allí, cada balón rodando será un poema, cada gol será una victoria sobre el tiempo, cada partido será un recordatorio de que los sueños postergados, cuando se persisten, pueden convertirse en eternos.

Huanta no solo instaló un césped sintético. Huanta sembró un manto de esperanza que cubrirá a generaciones. Y cuando el primer balón comience a girar sobre este verde inmortal, rodará también la certeza de que los vigilianos, ayer, hoy y siempre, serán protagonistas de su propia historia.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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