Una mirada al epílogo de las Eliminatorias Sudamericanas 2026

El camino al Mundial 2026 entra en su recta final. Ya tenemos a tres pasajeros confirmados en el vuelo a Norteamérica: Argentina, Brasil y Ecuador. La lógica se impuso: quienes planificaron, quienes invirtieron en procesos, quienes tuvieron un proyecto serio, hoy celebran. Pero más abajo en la tabla la historia es otra: selecciones que aún respiran gracias a la calculadora, al milagro y a la derrota ajena. Es el viejo manual del fútbol sudamericano: cuando no hay planificación, siempre queda la fe como estrategia.

La tabla es clara. Argentina, con 35 puntos, no solo está clasificada, sino que se pasea con la autoridad del campeón del mundo. Brasil y Ecuador, ambos con 25, ya se aseguraron el cupo y solo miran de reojo si terminan segundos o terceros. En ese grupo, lo deportivo es pura formalidad.

Más abajo empieza la tensión. Uruguay y Paraguay, con 24 puntos cada uno, necesitan apenas confirmar la lógica: un punto más y el boleto será suyo. Colombia, con 22, es la última selección en zona de clasificación directa. Depende de sí misma, pero enfrenta a dos rivales incómodos: Bolivia y Venezuela, que sueñan con arrebatarle el puesto.

La Vinotinto, con 18 puntos, juega por la heroica. Puede meterse en zona directa, quedarse en repechaje o ver el Mundial por televisión. Bolivia, con 17, respira con dificultad: debe ganarle a Colombia y luego enfrentar a Brasil en El Alto, donde la altura siempre regala ilusión, aunque no alcance para maquillar décadas de abandono.

Y llegamos al sótano, donde la calculadora ya no sirve ni como consuelo. Perú, con 12 puntos, y Chile, con 10, están eliminados. Ni milagro, ni fe, ni matemáticas. El papelón es completo: dos países con historia, que hace no mucho competían en Mundiales y finales de Copa América, hoy se arrastran por la tabla con la misma excusa de siempre: “ya vendrán tiempos mejores”. El problema es que esos tiempos nunca llegan porque nunca se trabaja. Se vive de recuerdos, se entrena poco, se improvisa mucho y se cree que con rezos se puede reemplazar la planificación.

El formato, además, parecía diseñado para que casi todos entraran. Seis cupos directos y uno más al repechaje. Es decir, siete de diez podían clasificar. Sin embargo, hay quienes ni así lo lograron. Lo que en Sudamérica era un filtro brutal, hoy es casi un trámite administrativo. Y aun así, hay quienes terminan eliminados con varias fechas de sobra. Eso no habla de mala suerte, habla de décadas de mala gestión.

Mientras Argentina, Brasil y Ecuador confirman que el trabajo a largo plazo rinde frutos, otros siguen atrapados en la improvisación. Uruguay, Paraguay y Colombia están cerca de sellar su pase, Venezuela y Bolivia luchan por la épica, y Perú y Chile protagonizan la crónica del fracaso anunciado. No es cuestión de azar ni de calendarios, es de proyectos.

Reflexión final
Sudamérica entera debería preguntarse si quiere seguir jugando a las Eliminatorias o a la ruleta. Clasificar no puede seguir siendo un acto de fe. Porque mientras algunos países convierten el fútbol en política de Estado, otros lo reducen a discursos vacíos, cambios de técnico y rezos colectivos. El Mundial 2026 tendrá a casi todos. Pero lo más triste es que habrá quienes, teniendo todas las facilidades, seguirán viéndolo desde el sillón.

Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra

Lo más nuevo

Artículos relacionados