ONPE busca empresa auditora para que supervise el voto digital

En otros países, los procesos electorales se planifican con años de anticipación, se prueban con pilotos controlados y se auditan con total transparencia. Pero estamos en Perú, donde se legisla con apuro, se implementa con fe ciega y se confía en que la improvisación solucionará lo que la planificación nunca quiso enfrentar. Y ahora, a menos de ocho meses de las elecciones generales 2026, la ONPE admite con la misma calma con la que uno confiesa que olvidó comprar pan: no tienen una empresa auditora para el voto digital. Pero no se alarmen, dicen que están “haciendo esfuerzos”. Y nosotros, que ya no tenemos ni paciencia.

La noticia es simple y escandalosa: por primera vez en la historia, el Perú implementará el voto digital en unas elecciones presidenciales. ¿El problema? Nadie sabe cómo hacerlo. Bueno, casi nadie. La ONPE asegura que tienen una “Solución Tecnológica del Voto Digital” (STVD), que incluye medidas de seguridad, protocolos de auditoría y todas las palabras bonitas que tranquilizan al Congreso. Lo que no tienen es una empresa auditora que supervise el proceso. Pequeño detalle.

Piero Corvetto, jefe de la ONPE, fue sincero ante la Comisión de Constitución: “La primera convocatoria se cayó. Estamos en la segunda. Si esta también se cae, vamos a una tercera. Si tampoco funciona, buscamos fuera del país. Y si tampoco… bueno, algo se nos ocurrirá”. ¡Una maravilla de planificación electoral! A este ritmo, terminamos contratando a un consultor estonio con conexión por Zoom y cruzando los dedos para que no haya apagón.

Tienen hasta octubre. Solo hasta octubre. Y no para definir el decorado de las cabinas, sino para garantizar la transparencia del sistema más sensible de toda elección: el voto. Porque el voto digital no es solo apretar un botón. Es garantizar que ese botón no esté intervenido, duplicado, espiado o hackeado.

Pero en Perú, donde los contratos se caen como hojas en otoño y los plazos son una ficción literaria, confiar en que se logrará una implementación segura en tiempo récord es como creer que el Congreso legisla pensando en el pueblo. Peligroso, ilusorio y hasta cómico, si no fuera tan trágico.

Según la ONPE y el JNE, el piloto de voto digital abarcará hasta dos millones de personas. Sí, dos millones. No diez mil, como en otros países. No cincuenta mil. ¡Dos millones! Porque si vamos a hacer un experimento, que sea en cadena nacional. Total, ¿qué puede salir mal?

El presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, fue más cauteloso (o más lúcido): “Es muy ambicioso y muy riesgoso. Otros países tardaron hasta veinte años en implementar esto. Nosotros tenemos… meses”. Pero aquí no hay tiempo para sensateces. Hay apuro, hay campaña, hay candidatos desesperados. Y eso, en Perú, es la receta perfecta para el desastre electoral.

El voto digital, en lugar de representar un avance, corre el riesgo de convertirse en el pretexto perfecto para que los perdedores griten fraude, para que se judicialicen los resultados, y para que la ya vapuleada confianza ciudadana termine enterrada en un archivo PDF sin respaldo.

Un sistema sin auditoría no es confiable. Un piloto improvisado no es progresista. Y una elección presidencial con tecnología sin control es una bomba de tiempo con cuenta regresiva que ya empezó.

Reflexión final
Si algo sale mal en 2026 –y todo indica que podría–, no será por culpa de los hackers ni de una conspiración internacional. Será porque en el Perú se prefiere correr antes que planificar, aparentar antes que garantizar, y prometer antes que cumplir. Esta no es una columna sobre tecnología. Es una advertencia: sin garantías, no hay democracia digital. Hay solo una ilusión peligrosa, y una excusa lista para quienes no sepan perder.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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