El ministro de Economía, Raúl Pérez Reyes, apareció en el Congreso para dejar claro que los peruanos no deben ilusionarse con un octavo retiro de sus fondos de AFP. Según él, si lo hacen, perderán la “maravillosa” oportunidad de recibir una pensión mínima de 600 soles. Así, Dina Boluarte, a través de su ministro, nos recuerda que la prioridad del gobierno no es el ciudadano que aportó durante décadas, sino el sistema de pensiones privado que nunca pierde. El problema no es de números, sino de prioridades: se cuidan los bolsillos de las AFP, mientras los peruanos siguen atrapados en un sistema que garantiza miseria como futuro.
El discurso del ministro tiene el sello del gobierno: culpar a los trabajadores de su propia precariedad. Si se aprueba un retiro, el ciudadano quedará “sin pensión mínima”. Lo que no dice es que la gran mayoría de afiliados —6.3 millones de 8.6 millones, según el propio MEF— tienen menos de 5,000 soles en sus cuentas. Con ese dinero no hay jubilación digna posible, ni aunque se guarde bajo siete llaves. La supuesta pensión mínima es una ficción que no resuelve nada, pero que sirve como excusa perfecta para impedir que la gente use su propio dinero en tiempos de crisis.
En lugar de discutir la raíz del problema —un sistema leonino, hecho para enriquecer a las AFP a costa de los aportantes—, el Ejecutivo y el Congreso prefieren blindarlo. El ministro Pérez Reyes incluso llegó a advertir que si se pensara en otorgar pensiones de 3,000 o 4,000 soles habría que subir el IGV. En su lógica, es mejor mantener jubilados pobres que reformar un modelo injusto. Es el mismo discurso que repite Dina Boluarte: “no hay plata” para la salud, la educación o los jubilados, pero sí hay millones para aviones de guerra, autos de lujo para generales, viajes al extranjero y rescates interminables a Petroperú.
Lo más insultante es que este blindaje al sistema previsional se presenta como “responsabilidad fiscal”. No se trata de responsabilidad, sino de conveniencia: mientras los trabajadores esperan décadas para recibir una pensión que apenas alcanza para sobrevivir, las AFP cobran comisiones aseguradas, incluso en tiempos de pérdida. El ciudadano es la variable de ajuste; el negocio, la única constante.
Dina Boluarte gobierna en piloto automático, preocupada solo en llegar al 28 de julio de 2026. Y su ministro de Economía es el rostro técnico de esa sobrevivencia: defiende lo indefendible, protege a quienes no lo necesitan y deja a millones de peruanos condenados a una jubilación de miseria. Lo llaman reforma previsional, pero en realidad es la misma trampa de siempre, maquillada con cifras que no alcanzan para llenar la olla.
Reflexión final
El Perú es hoy un país donde el ciudadano no es dueño de sus ahorros, sino cliente cautivo de un negocio garantizado por el Estado. Boluarte y su ministro han demostrado que gobernar no es resolver los problemas del pueblo, sino garantizar que nada cambie para los grandes intereses. Y mientras se blindan las AFP, se siguen desprotegiendo a los peruanos. El mensaje es brutal: el futuro de millones vale menos que las utilidades de unas cuantas administradoras.
Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra
