Congresistas de la República inician campaña política

En un país donde la indignación ya no indigna y el asombro murió de hartazgo, el Congreso de la República ha decidido convertir la semana de representación en una pasarela electoral financiada por todos nosotros. Sí, usted, lector, con su impuesto a la renta, su IGV, y hasta con ese sol que le sobra en el bolsillo, está pagando el nuevo reality show parlamentario: “Congresistas en campaña: edición descaro 2026”.

No se preocupe si no lo vio en televisión. Está en Facebook, Instagram y TikTok. Con filtros. Con drones. Con hashtags. Y sin vergüenza.

El Congreso legaliza la indecencia. Lo que antes se hacía con cierta discreción, ahora se hace con respaldo legal. Una norma aprobada con 82 votos en el Pleno permite que los congresistas hagan campaña política durante su semana de representación. ¿Qué significa esto? Que ya no es necesario esconder el proselitismo. Ahora pueden hacer videos, fotos, publicaciones, promesas, entregas simbólicas de mochilas, proyectos que no ejecutaron, obras que no iniciaron y selfies con ancianos sin que nadie los sancione.

¿Neutralidad? ¿Ética? ¿Respetar las reglas? ¡Por favor! Eso es para países donde las leyes se cumplen. Aquí lo importante es ganar la reelección, aunque eso implique usar el cargo como trampolín electoral mientras el país se cae a pedazos.

Según La República, las redes sociales de varios congresistas de Fuerza Popular, Perú Libre, Renovación Popular y Alianza para el Progreso parecen más estudios de campaña que plataformas de rendición de cuentas. El contenido es casi calcado: frases como “Seguimos trabajando”, “¡Lo logramos!”, “Con ustedes todo, sin ustedes nada”, acompañadas de fondos musicales épicos y tomas de dron desde la sierra profunda.

Mientras tanto, ¿qué hace el Congreso como institución? Nada. Solo observa cómo sus miembros usan el cargo como una agencia de marketing electoral sin pagar un sol de su bolsillo (porque para eso están los nuestros).

Fernando Tuesta, exjefe de la ONPE y una de las pocas voces sensatas en medio de este carnaval, lo dijo con claridad: los políticos en funciones tienen una ventaja obscena. No solo muestran lo que hicieron (o lo que dicen haber hecho), sino que ya están vendiendo lo que harán… si los dejamos quedarse.

Y claro, lo hacen con una habilidad magistral: no mencionan colores partidarios, no dicen “voten por mí”, pero colocan su nombre, su cargo, su rostro y su “compromiso con el pueblo” en cada publicación. Es como si nos guiñaran el ojo diciendo: “No te estoy pidiendo el voto… pero sabes qué hacer”.

¿Y el Jurado Nacional de Elecciones? Bien, gracias. ¿Y los Jurados Electorales Especiales? Tapándose los ojos. Porque mientras no se use el logo del partido o el jingle de campaña, todo vale. Así se promocionan “técnicamente” sin hacer campaña “oficial”. Es el tipo de cinismo que ya no ofende porque nos hemos acostumbrado.

Hemos llegado al punto en que un Congreso impopular, desprestigiado y cuestionado se da el lujo de redactar sus propias reglas para perpetuarse en el poder. Todo esto en un contexto donde la ciudadanía está harta, desmovilizada y sin opciones reales para renovar la política. El problema no es solo que hagan campaña desde el cargo: el verdadero problema es que lo hagan sin que nadie los detenga.

La “semana de representación” es ahora la “semana de exposición”, la “semana del TikTok parlamentario”, la “semana de la campaña disfrazada”. Es el reality más costoso de la televisión peruana, pero sin rating… ni justicia.

Reflexión final
Si en abril de 2026 vuelven a ganar los mismos de siempre —con sus filtros, sus promesas falsas y sus publicaciones patrocinadas— no será porque ellos hicieron trampa. Será porque nosotros nos resignamos a vivir en un país donde la indignación se volvió una moda pasajera, y donde el Congreso legisla para su vanidad, no para el bien común.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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