Más de 14 mil enfermeras acatarán huelga indefinida este martes

El próximo martes 9 de septiembre, los hospitales de EsSalud amanecerán en silencio. Más de 14 mil enfermeras afiliadas al Sindicato Nacional de Enfermeras del Seguro Social de Salud (SINESSS) iniciarán una huelga indefinida que dejará sin atención a millones de asegurados. Lo que debería ser un llamado de emergencia para el gobierno es, en realidad, un síntoma: la salud pública en el Perú ya colapsó. Y mientras tanto, la presidenta Dina Boluarte y su ministro de Salud, César Vásquez, parecen tener la brújula invertida: priorizan compras de aviones de guerra, autos de lujo para generales, viajes presidenciales y rescates financieros de Petroperú, mientras los hospitales agonizan sin medicinas, equipos ni personal suficiente.

La protesta no surge de la nada. Las enfermeras han acumulado años de maltrato laboral, sobrecarga de trabajo y promesas incumplidas. Piden lo elemental: meritocracia en los cargos gerenciales, reducción de la brecha de personal que convierte cada turno en un acto heroico, atención médica para ellas mismas dentro de EsSalud, y la restitución de un bono de especialidad que se les quitó mientras otros profesionales sí lo mantuvieron. No piden lujos, piden dignidad.

El símbolo de este abandono es el tomógrafo inoperativo del Instituto Nacional Cardiovascular (INCOR), dañado desde junio de 2025. El INCOR, centro de referencia en enfermedades cardíacas, lleva meses sin poder realizar diagnósticos vitales porque el equipo permanece paralizado. Este no es un problema técnico, es la radiografía del abandono estatal: equipos dañados, personal exhausto y pacientes que esperan meses para un procedimiento que podría salvarles la vida.

Pero en lugar de atender estas urgencias, el gobierno dirige sus recursos a donde no hacen falta: 500 millones para un penal en El Frontón, 3,500 millones de dólares en aviones de guerra, 17 millones en autos de lujo para generales y millones más en viajes improductivos al extranjero. La salud, mientras tanto, solo recibe comunicados de prensa y discursos vacíos. Dina Boluarte y César Vásquez repiten que “hay avances”, cuando la realidad muestra que lo único que avanza es el deterioro.

El trasfondo político es igual de alarmante. EsSalud, según denuncian los sindicatos, se ha convertido en un botín de Alianza para el Progreso (APP), con gerencias copadas por militantes y allegados del partido de César Acuña. La tecnocracia ha sido reemplazada por el clientelismo, y los hospitales se administran como si fueran locales partidarios. La Contraloría ha advertido que EsSalud concentra los más altos índices de inconducta funcional y corrupción del Estado, pero nadie parece escuchar.

La huelga de las enfermeras es mucho más que una medida laboral: es la prueba de que el sistema de salud está en cuidados intensivos. Cuando las profesionales que sostienen el día a día de los hospitales tienen que salir a las calles para exigir respeto, significa que el Estado ha abandonado por completo su rol.

Reflexión final
El Perú no necesita aviones de guerra, necesita hospitales que funcionen. No necesita autos de lujo para generales, necesita ambulancias que lleguen a tiempo. No necesita rescatar a Petroperú, necesita rescatar a millones de pacientes que esperan atención médica. Dina Boluarte y el Congreso sobreviven con respirador político hasta el 28 de julio de 2026, pero la salud pública no tiene esa paciencia: está muriendo en los pasillos de EsSalud. Y cuando las enfermeras paran, no es solo una huelga: es la sentencia de un sistema que se derrumba por la indiferencia de sus gobernantes.

Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra

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