En el Perú, la política ya no tiene fronteras de ridículo ni límites de vergüenza. Lo que parecía una sátira inventada, fue documentado por Punto Final: profesionales de la Municipalidad de Comas —abogadas, ingenieras, comunicadoras sociales— denuncian haber sido obligadas a convertirse en porristas en eventos oficiales y partidarios. Sí, el alcalde Ulises Villegas, de Somos Perú, encontró la fórmula perfecta para “dinamizar” su gestión: coreografías, pompones y trajes alusivos al partido.
Los testimonios son tan claros como las evidencias: mensajes de WhatsApp, fotos y videos muestran cómo funcionarias eran extraídas de sus oficinas para ensayar rutinas, animar pasacalles y marchar como comparsa en actividades encabezadas por el propio alcalde. Y no, no se trataba de “actividades recreativas”, sino de órdenes disfrazadas de entusiasmo partidario, bajo la amenaza de represalias laborales si se negaban a participar.
Para coronar la faena, las trabajadoras también tenían una cuota digital: producir “likes” y comentarios en redes sociales para inflar la popularidad del alcalde. Quien no cumplía, pasaba a la lista negra de la gestión. Una especie de “servicio civil” del siglo XXI donde, además de servir a los vecinos, debían servir al ego del burgomaestre y a la campaña soterrada de su círculo cercano.
El descaro tiene nombre propio. En varios registros aparece Yuriko Niño de Guzmán, secretaria general de Somos Perú en Comas y colaboradora directa del despacho, organizando horarios, asignando vestuarios y repartiendo sanciones. Según las denunciantes, era la mano dura que convertía la “invitación” en una obligación. Y todo esto, en medio de silbidos e incomodidades que las profesionales debían soportar mientras vestían licras partidarias, soportando que su dignidad laboral se redujera a un accesorio electoral.
Por supuesto, el alcalde Villegas lo niega todo. Una tradición política en este país: negar lo evidente, incluso si hay videos, fotos y chats que lo contradicen. Decir que no sabía, que no autorizó, que todo fue “espontáneo”. El libreto ya lo conocemos: los políticos siempre aparecen como protagonistas en los escándalos, pero nunca en las responsabilidades.
El caso de Comas no es un desliz aislado: es el reflejo de una clase política que ha convertido las instituciones en plataformas de circo partidario. Hoy es Somos Perú, mañana será cualquier otra agrupación. Lo grave no es solo que se utilicen recursos públicos para fines privados, sino que se pisotee la dignidad de trabajadoras que ingresaron para aportar con su profesionalismo y terminaron reducidas a animadoras forzadas.
Reflexión final
Si los municipios deben ser el primer escalón de la democracia, Comas nos recuerda que también pueden ser el primer escalón de la desvergüenza institucional. La política peruana ya no solo legisla mal o gestiona mal: ahora también humilla a sus propios trabajadores en nombre de la “alegría”. Y mientras los ciudadanos seguimos esperando servicios básicos, algunos alcaldes siguen afinando coreografías. En este país, gobernar parece menos importante que saber agitar un pompón.
Edwin Gamboa, fundador de la caja Negra
