En el Perú, conseguir una cita médica en EsSalud ya no es un trámite: es un acto de fe. Los pacientes llaman decenas de veces, madrugan desde las cuatro de la mañana y aun así se van a casa sin atención. No es exageración, es la radiografía de un sistema que se derrumba. Según un informe técnico de EsSalud al que accedió RPP Data (9 de septiembre de 2025), el tiempo de espera para acceder a una consulta médica se ha disparado en casi todas las regiones y especialidades. La salud pública está en cuidados intensivos, y la indiferencia del gobierno la mantiene conectada apenas a un respirador político.
Los números hablan con crudeza: en La Libertad, esperar por una cita en medicina general toma cinco meses; en Huánuco, cuatro meses para nutrición; en Lima, pacientes denuncian que ni un mes entero de llamadas diarias sirve para conseguir interconsultas. En Cusco y Junín, las escenas se repiten: colas interminables, citas postergadas y diagnósticos que llegan tarde. Y tarde, en salud, puede significar muerte.
El informe de EsSalud admite lo obvio: falta de especialistas, infraestructura precaria, procesos ineficientes. Pero lo que el documento no dice es aún más brutal: el colapso del sistema es el resultado directo de un desgobierno que nunca puso a la salud como prioridad. Dina Boluarte y su ministro de Salud, César Vásquez, han convertido el sector en un laboratorio de promesas incumplidas y copamientos políticos.
Mientras tanto, el dinero fluye hacia donde menos se necesita. Boluarte anuncia con entusiasmo la compra de aviones de guerra por miles de millones de dólares, vehículos de lujo para generales, viajes al exterior que no cambian nada y un salvataje interminable a Petroperú, esa empresa que respira gracias al oxígeno artificial del Estado. ¿Y para salud? Migajas. Ni un plan estratégico, ni voluntad política, ni siquiera un gesto de urgencia frente a un sistema que se derrumba ante los ojos de todos.
El ministro Vásquez, lejos de enfrentar la crisis, parece más preocupado en sostener un tablero de cargos repartidos entre simpatizantes de Alianza para el Progreso. La tecnocracia fue reemplazada por el clientelismo, y el resultado es un sistema donde los pacientes esperan meses por una cita mientras los amigos del poder se reparten puestos de confianza.
El Congreso, por su parte, actúa como si la tragedia no existiera. Blindajes, cálculos electorales y discursos vacíos son su única respuesta. Nadie discute reformas, nadie se atreve a tocar el modelo que ha llevado a millones de peruanos a ver la salud como una lotería en la que casi siempre pierden.
Cada demora en una cita médica, cada diagnóstico que llega tarde, cada paciente que muere esperando atención es una sentencia contra este gobierno. La salud pública no se desplomó de un día para otro: es el reflejo de años de indiferencia coronados hoy por la apatía de una presidenta que sobrevive hasta el 28 de julio de 2026 y un Congreso más preocupado en asegurar su continuidad que en garantizar derechos básicos.
Reflexión final
El colapso de EsSalud es la metáfora perfecta del Perú: ciudadanos que esperan indefensos mientras el Estado gasta su dinero en lo que no necesitan. Boluarte podrá comprar aviones de guerra, pero no con eso salvará a los pacientes que mueren en pasillos abarrotados; podrá seguir tirando millones a Petroperú, pero no con eso devolverá la confianza perdida. La salud del país está en UCI, y lo más grave es que quienes gobiernan ni siquiera han llamado al médico.
Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra
