Aeropuerto Jorge Chávez: quieren aplicar un nuevo pago a pasajeros

El Nuevo Aeropuerto Jorge Chávez fue presentado como la joya de la región, un “hub” internacional que pondría a Lima en el mapa de la modernidad. Hoy, lo que tenemos es un terminal que acumula problemas, retrasos, fallas tecnológicas, interminables colas en Migraciones y, para coronar el espectáculo, una nueva tarifa para los pasajeros en conexión internacional. Sí, porque en el Perú el progreso siempre viene acompañado de un cobro extra.

La concesionaria Lima Airport Partners (LAP) anunció que los viajeros que utilicen Lima como escala internacional deberán pagar 12,67 dólares adicionales bajo el concepto de TUUA de Transferencia. La justificación oficial: recuperar la inversión de 2.000 millones de dólares que costó este “megaproyecto”. La realidad: seguir cargándole al usuario final los errores de gestión y los costos de una infraestructura que aún no logra cumplir con estándares básicos.

Lo más indignante no es el monto, sino la lógica que lo respalda. ¿Quién regula estas decisiones? ¿Dónde está Ositrán, que supuestamente vela por la transparencia y el equilibrio entre concesionaria y usuario? ¿Dónde está el Ministerio de Transportes? ¿Y el Ejecutivo? Ausentes, como siempre, dejando que las tarifas se impongan en piloto automático, mientras el Estado se limita a recibir su tajada vía impuestos y fideicomisos.

El aeropuerto, que debería ser el reflejo de la eficiencia, se ha convertido en un verdadero sinvergüenza: ofrece colas eternas en Migraciones, maletas que llegan tarde, sistemas de información que se caen cada cierto tiempo, y aun así tiene la audacia de querer cobrar más. En otras palabras, es el único servicio en el mundo que primero falla y luego castiga al usuario con tarifas adicionales.

La representante de LAP, Rocío Espinoza, intentó calmar las aguas asegurando que “no se trata de un cobro a los pasajeros peruanos” y que, por ahora, solo aplicará a conexiones internacionales. “Por ahora” es la frase clave. Porque todos sabemos que estas medidas empiezan con un alcance reducido y terminan ampliándose hasta alcanzar a cualquier usuario que pase por la terminal. Hoy pagan los pasajeros en tránsito internacional, mañana podrían ser los nacionales.

La ironía es cruel: mientras el aeropuerto promete ser “el mejor de Sudamérica”, los pasajeros siguen recibiendo un servicio que más parece de terminal provincial con sobreprecio. La maqueta fue perfecta, la realidad es un hangar disfrazado de modernidad que cobra como si fuera Singapur o Ámsterdam.

Lo que debería ser un servicio eficiente, digno y competitivo, se convierte en un calvario costoso. Los usuarios no solo enfrentan demoras, caos y falta de organización, sino que ahora deben asumir un cobro extra por el simple hecho de usar Lima como punto de conexión. El aeropuerto, que debería ser la carta de presentación del país, termina siendo un recordatorio de que aquí las maquetas valen más que la experiencia real del pasajero.

Reflexión final
En el Perú, el aeropuerto Jorge Chávez no conecta al país con el mundo: conecta a los ciudadanos con la desidia, la improvisación y la viveza de siempre. Mientras LAP y el Estado se reparten porcentajes, los usuarios pagan el costo de un modelo que solo sabe mirar la caja registradora. La indignación es inevitable: el aeropuerto que prometieron como el más moderno de la región no es más que otro símbolo del desgobierno, maquillado con maquetas y cobros extras que convierten cada viaje en un tributo involuntario a la incompetencia.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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