Crisis en Machu Picchu: anuncian paro para el 15 y 16 septiembre

La crisis en Machu Picchu ya no sorprende: sorprende que todavía queden turistas dispuestos a venir al Perú. El anunciado paro de 48 horas del 15 y 16 de septiembre es la prueba de que nuestro principal atractivo se gestiona como un mercado callejero: intereses cruzados, peleas locales, denuncias de corrupción y un Estado que aparece tarde —o nunca. Dina Boluarte y sus ministros, sin plan de turismo ni estrategia alguna, han logrado lo impensable: que la maravilla del mundo funcione peor que un paradero de combis en hora punta.

El libreto es de manual. La concesión de Consettur terminó tras 30 años, y en lugar de preparar un concurso transparente, el Gobierno dejó que todo explote. Resultado: la municipalidad de Urubamba entregó un plan de contingencia a la empresa San Antonio de Torontoy, con bendición de PCM, MTC, Mincul y Sernanp. Pero los 18 buses siguen varados porque Perú Rail no los traslada. Entre tanto, Consettur continúa operando, Torontoy reclama, los alcaldes se acusan de favores y los turistas se convierten en víctimas de una tragicomedia andina.

El impacto es brutal. Machu Picchu, que debería ser símbolo de orgullo y motor económico, aparece ante el mundo como un destino caótico, lleno de bloqueos, amenazas y disputas empresariales. Cada turista que regresa a su país con fotos de colas eternas y caminatas forzadas no solo se lleva una mala experiencia: se convierte en embajador del fracaso peruano. Y mientras tanto, PromPerú insiste en que “todo marcha con normalidad”, como si las redes sociales no existieran.

Lo más indignante es que el problema no es técnico, es político. El Estado ha permitido que la concesión se venza sin licitación seria, que se monten planes de contingencia improvisados y que los intereses privados se disfracen de “soluciones”. Y en paralelo, denuncias de vínculos familiares y acusaciones de corrupción hacen del caso un retrato de lo que siempre somos: un país donde los negocios pesan más que la gestión.

Machu Picchu no es solo víctima de la falta de buses: es víctima del desgobierno crónico. Si el Estado es incapaz de garantizar el acceso a su mayor atractivo turístico, ¿cómo esperar que pueda garantizar seguridad en las calles, medicinas en los hospitales o justicia en los tribunales? El turismo, que podría ser salvación, es tratado como botín de guerra.

Reflexión final
El sarcasmo es inevitable: Machu Picchu, maravilla del mundo, gestionada con la lógica de una combi pirata. Mientras otros países convierten su patrimonio en vitrinas de modernidad y orgullo, el Perú lo convierte en un circo de improvisación. Lo triste es que el paro del 15 y 16 de septiembre no será el último; apenas es un recordatorio de que aquí gobernar significa mirar hacia otro lado. Y mientras tanto, los turistas suben a pie, los locales protestan y el Estado… sigue en piloto automático.

Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra

Lo más nuevo

Artículos relacionados