¿Sabes quién lidera la intención de voto para las Elecciones 2026?

Votar sin fe, elegir sin ganas. Las elecciones generales del 2026 ya tienen fecha: domingo 12 de abril. Pero el Perú, ese país que se autodenomina democrático cada cinco años, parece estar en piloto automático hacia un abismo ya visitado. Porque mientras los “candidatos” se acomodan en la pista del circo electoral, el gran ausente es la convicción ciudadana. Según la última encuesta de Ipsos, más del 47% de peruanos no sabe por quién votar. ¿Indecisión? No. Desencanto crónico. El mismo que produce náuseas al ver los mismos apellidos, los mismos rostros maquillados, las mismas fórmulas fracasadas.

Veamos el top electoral como si fuera un casting de “El gran show de los que ya vimos”:

 Rafael López Aliaga lidera con 10% de intención de voto. Sí, el alcalde que predica moral pero gestiona con caos.
 Keiko Fujimori lo sigue con 8%, demostrando que el apellido sigue pesando, aunque sea con chaleco naranja.
 Luego viene Mario Vizcarra, con 5%, aunque el 71% cree que se trata de su hermano, el expresidente vacado. Es decir, votan por uno, creyendo que es el otro. ¿Qué podría salir mal?
 Carlos Álvarez, humorista, aparece con 4%, confirmando que en el Perú ya ni el entretenimiento se escapa del colapso institucional.
 César Acuña, el eterno postulante, figura con 3%. Es decir, el reciclaje político alcanza niveles tóxicos.

Y la lista continúa: Lescano, Forsyth, Phillip Butters, Rafael Belaunde, García Belaunde… una sopa de letras donde todos prometen “cambio”, aunque muchos ni siquiera cambian de eslógan desde hace dos campañas.

Pero lo más grave no está ahí. El verdadero titular debería ser:
“El 37% votará blanco, viciado o por nadie. Y el 10% no tiene idea de por quién votar.”

Esa es la estadística más aterradora. No porque no tengan opción, sino porque ninguna opción es creíble. El sistema electoral ha logrado lo que ni los golpes de Estado consiguieron: que la gente deje de creer que votar sirve para algo.

Cuando elegir se convierte en resignarse. ¿Es culpa del votante que el menú político huela a sobras recalentadas? ¿O es culpa de un sistema que premia el cinismo, la impunidad y el apellido? La encuesta de Ipsos no solo muestra porcentajes. Muestra síntomas. De una democracia enferma, desconectada del ciudadano, y capturada por los de siempre con disfraces nuevos.

La democracia no está en peligro. Está de luto. Porque los partidos no representan, los candidatos no convencen y el pueblo no elige: opta por el mal menor o anula por desilusión. Y el resultado ya lo conocemos: cinco años más de lo mismo, con nuevas promesas rotas y antiguos errores relanzados.

Reflexión final
¿De qué sirve un proceso electoral donde casi la mitad del país se abstiene emocionalmente antes de ir a votar? ¿Cómo se puede hablar de legitimidad si la oferta electoral parece diseñada por un comité de repetidores? El 2026 no será un cambio. Será un reinicio forzado del mismo sistema defectuoso. El circo está armado, las luces encendidas, los candidatos maquillados. Pero el público está cansado. Harto. Y, aunque muchos entrarán por obligación cívica, ya nadie aplaude al final del show.

Ficha técnica de la encuesta
Encuesta nacional urbano-rural realizada por Ipsos Perú para el diario Perú21. Fecha de aplicación: 4 y 5 de septiembre de 2025. Muestra: 1,204 entrevistados mayores de 18 años. Nivel de confianza: 95%. Margen de error: ±2.8%.

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