En el Perú parece que hasta la seguridad vial necesita esperar turno. El Indecopi, esa institución que suele entrar en escena cuando ya suenan las sirenas de emergencia, acaba de anunciar con bombos y platillos que descubrió fallas en motocicletas KTM vendidas en el país. El problema es que esas motos no aparecieron ayer: llevan tiempo circulando por nuestras calles, y recién en el 2025 se nos advierte que podrían ser trampas rodantes. El hallazgo, más que un logro, es un retrato vergonzoso de la desidia estatal.
Según el organismo, 828 motocicletas presentan irregularidades en los espaciadores de la rueda delantera. Un milímetro de diferencia en la pieza puede parecer poca cosa, pero en carretera puede ser la línea entre frenar a tiempo o terminar estampado contra el pavimento. Y mientras tanto, ¿qué hacía Indecopi? Quizá dormía la siesta institucional, hasta que alguien le tocó la puerta para recordarle que su función es, precisamente, proteger a los consumidores.
La empresa importadora Promotora Génesis S.A.C. ha lanzado una campaña de revisión gratuita. Noble gesto, aunque cabe preguntar: ¿gratuita para quién? Porque para los conductores que ya se jugaron la vida en esas máquinas, el riesgo nunca fue un detalle sin costo. Mientras la compañía anuncia que “los repuestos llegarán del extranjero”, los usuarios deben seguir circulando en vehículos que podrían tener los frenos desgastados por un defecto de fábrica. Es como invitar a un cirujano a operar con bisturí mellado y asegurarle que pronto llegará uno nuevo.
Lo mordaz del asunto es que no se trata de un caso aislado. En el Perú ya se han visto autos, buses y camiones con defectos graves circulando durante años, sin que ninguna autoridad se inmutara. Solo cuando la tragedia se vuelve inevitable aparecen las alertas, los comunicados y los “planes de acción”. Como si la seguridad ciudadana fuera un lujo que puede esperar hasta el próximo boletín de prensa.
El episodio con las motocicletas KTM no revela solo una falla técnica: expone la falla moral de un Estado que siempre llega tarde. Indecopi actúa como bombero que aparece cuando el incendio ya consumió la casa, mientras los ciudadanos seguimos siendo tratados como clientes de segunda categoría, obligados a confiar en que un correo electrónico o una llamada al servicio al cliente resuelva lo que debería haberse evitado desde el primer día.
Reflexión final
La seguridad en las carreteras no debería depender de la buena voluntad de una empresa ni del despertar tardío de un regulador. Si el Estado permite que motos defectuosas circulen durante meses sin control, está aceptando que la vida de los peruanos vale menos que una rueda mal ensamblada. Y así, entre repuestos que nunca llegan a tiempo y autoridades que reaccionan después del accidente, seguimos confirmando que en este país la prevención no es política pública, sino un simple deseo incumplido.
