El Perú confirma una vez más que la viveza criolla puede institucionalizarse. Lima Airport Partners (LAP) anunció que desde octubre cobrará 12,67 dólares de Tarifa Unificada de Uso de Aeropuerto (TUUA) a pasajeros en tránsito internacional. Es decir, si usted pisa Lima solo para cambiar de avión, sin siquiera respirar el aire contaminado de la ciudad, deberá pagar por el privilegio de usar baños con olor a humedad, pasillos estrechos y salas que parecen de provincia en día de fiesta patronal.
La concesionaria asegura que todo está en el contrato. ¡Claro! Como si eso justificara un abuso. Nadie preguntó a los usuarios, nadie debatió el impacto económico, nadie se preocupó por la competitividad. Se trata de un cobro disfrazado de legalidad para llenar las arcas de una empresa y del Estado, que feliz de la vida recibirá su tajada.
Lo irónico es que Lima pretende consolidarse como “hub regional”, mientras Bogotá y Panamá sonríen: allí no cobran este disparate y, encima, ofrecen aeropuertos funcionales y modernos. Aquí, en cambio, se exprime al viajero para financiar un terminal que aún no despega ni en infraestructura ni en servicios.
¿Y los reguladores? Silencio absoluto. Ositran, el MTC y hasta el Congreso se esconden detrás de tecnicismos. Nadie quiere incomodar al concesionario. Como siempre, el negocio privado manda, el Estado aplaude y el usuario paga. Y lo pagará en counters improvisados, con personal paseando POS por los pasillos. Una postal digna del tercer mundo que LAP llama “modernización”.
Las aerolíneas ya advirtieron: esta medida encarece pasajes y le resta competitividad al Perú. Pero eso parece importar poco. Lo urgente no es atraer turistas ni dinamizar la economía, lo urgente es cobrar. Y si el pasajero protesta, la respuesta será la misma de siempre: “así está en el contrato”.
El nuevo Jorge Chávez no ha probado aún ser un aeropuerto de clase mundial, pero ya cobra como si fuera Dubái o Singapur. Se castiga al pasajero con una tarifa absurda mientras se ofrecen servicios mediocres, colas interminables y baños que son una ofensa a la dignidad. La TUUA de tránsito es más que un cobro: es un recordatorio brutal de que en el Perú las concesiones se firman pensando en los bolsillos de unos pocos y nunca en el interés de la mayoría.
Reflexión final
Este país no necesita enemigos externos para hundirse: basta con decisiones como esta. El Jorge Chávez cobra como si fuera orgullo nacional, pero funciona como un terminal terrestre con aire acondicionado. La verdadera pregunta es: ¿seguiremos pagando sumisos por un servicio miserable o exigiremos, de una vez, un aeropuerto a la altura del país que merecemos?
