Galletas, camisas y un país en ruinas: el festín de Morgan Quero

En el Perú, donde miles de niños aprenden a leer bajo techos de calamina, la prioridad del Ministerio de Educación no son las pizarras, ni los pupitres, ni las capacitaciones docentes. La prioridad es que el ministro Morgan Quero no se quede sin camisas planchadas ni galletas surtidas. Más de 9000 soles evaporados en ropa, lavandería, menaje y un arsenal de galletas financiadas con la caja chica del Minedu. La paradoja es grotesca: un país con escuelas que se caen a pedazos, pero con un ministro impecablemente vestido y abastecido de meriendas.

El reportaje de Cuarto Poder no solo revela el mal uso de la caja chica, revela una radiografía del desgobierno. Desde abril de 2024, Quero ha convertido su despacho en una boutique con servicio de lavandería incluido. Chalecos, camisas, blusas, casacas, toallas y hasta vaporizadores de ropa: todo pagado con dinero público. Ni los ministros anteriores llegaron al extremo de lavar su fajín con recursos del Estado, símbolo que en teoría representa sacrificio, pero que aquí representa privilegio.

Y como ningún guardarropa está completo sin refrigerio, el Minedu se dio el lujo de destinar más de 8300 soles en compras de galletas, café, gaseosas, aceite de oliva y flor de Jamaica. Nada mal para un sector donde el “desayuno escolar” de Qali Warma suele reducirse a un vaso de avena aguada y pan duro. Mientras los niños esperan una alimentación digna, el ministro tenía garantizado su catering diario.

La ironía es dolorosa: los mismos que exigen austeridad a los docentes en huelga se permiten derrochar en caprichos culinarios. ¿Se imaginan a un profesor solicitando 3094 paquetes de galletas como material pedagógico? Sería absurdo. Pero para el ministro, no hay problema: basta con ponerle el rótulo de “acto protocolar” y todo queda justificado.

El descargo oficial raya en el sarcasmo. El Minedu asegura que las adquisiciones fueron “para recibir visitas” y “para actos protocolares”. Como si la función del ministerio fuese organizar cócteles, no garantizar que los estudiantes tengan baños operativos o textos escolares a tiempo. Un ministerio que debería ser la columna vertebral del futuro se reduce a lavandería con coffee break incluido.

Y aquí aparece el trasfondo político: Morgan Quero no es un ministro aislado. Es uno de los más cercanos a Dina Boluarte. Su conducta no solo refleja un desliz administrativo, refleja un estilo de gobierno donde el privilegio personal se antepone al servicio público. Mientras los escolares estudian entre escombros, el ministro se da el lujo de estrenar camisas con fondos estatales. Y Dina, como siempre, guarda silencio cómplice, demostrando que la ética en Palacio se lava igual que el fajín ministerial: con cargo al Estado.

Lo ocurrido en el Minedu es mucho más que un mal uso de caja chica. Es la confirmación de que la educación pública no es prioridad, que la plata de todos puede terminar en lavanderías y bodegas, y que la austeridad es un discurso que se aplica solo a los pobres. Con un ministro que gasta como si el Estado fuera su billetera y una presidenta que lo respalda, la educación sigue condenada al olvido.

Reflexión final
Cada sol destinado a camisas y galletas es un insulto a los niños que estudian en escuelas de barro. Cada toalla húmeda del despacho ministerial es una burla a las familias que exigen agua potable en los colegios. Y cada prenda planchada de Morgan Quero es la metáfora de un gobierno que prefiere almidonar su imagen antes que planificar el futuro del país. La pregunta ya no es cuánto gasta un ministro en antojos, sino cuánto más estamos dispuestos a tolerar un Estado que devora el presupuesto en frivolidades mientras la educación peruana se derrumba sin remedio.

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