Petroperú la garrapata insaciable que desangra al Perú

En el Perú hemos perfeccionado un arte macabro: convertir ruinas financieras en “orgullo nacional”. Petroperú, esa garrapata estatal que lleva más de medio siglo aferrada al erario, acaba de recibir otra transfusión millonaria: US$300 millones más. No se trata de rescatar a un enfermo, sino de mantener con respirador artificial a un cadáver que huele a putrefacción económica. Lo irónico es que mientras se derrochan miles de millones en Talara y sus fantasías energéticas, los hospitales se caen a pedazos, la Policía patrulla sin chalecos y los jubilados de la ONP sobreviven con pensiones que no alcanzan ni para los pasajes de combi.

Petroperú ha perdido más de US$8,000 millones, pero los gobiernos —desde Humala hasta Boluarte— insisten en engordar al monstruo con dinero público. ¿Resultado? El Perú paga la refinería más cara del planeta para terminar con combustibles más caros que en cualquier otro país de Sudamérica. Si esa es la “independencia energética” prometida, entonces mejor sigamos dependiendo.

La refinería de Talara, nos dijeron, era un activo estratégico. Claro, estratégico para mantener nóminas doradas, sindicatos privilegiados y contratos oscuros. Decir que Talara es un activo estratégico es tan ridículo como afirmar que un agujero en el casco de un barco es una entrada de aire. Y la paradoja alcanza niveles de comedia negra: si mañana un misil destruyera la refinería, el Estado peruano ahorraría cientos de millones de dólares al año. Sería un favor involuntario de la geopolítica.

Mientras tanto, el Gobierno tiene prioridades delirantes: aviones de guerra que nunca despegarán de verdad, camionetas blindadas para generales, viajes internacionales en primera clase y “eventos de promoción” gastronómica, todo mientras el país sangra por la inseguridad, la minería ilegal y el narcotráfico. Es la fórmula perfecta para hundirnos: gastar en todo, menos en lo urgente.

¿Y los organismos reguladores? Brillan por su ausencia, como convidados de piedra en esta farsa. Callan, miran al costado y legitiman la hemorragia financiera. La complicidad es tan evidente que ya no sorprende: en el Perú, cuando se trata de Petroperú, todos se convierten en silenciosos defensores del despilfarro.

Petroperú no es estratégico, es un lastre. No es un símbolo de soberanía, sino un monumento a la incapacidad. Y lo más trágico es que cada dólar inyectado en este pozo sin fondo es un dólar que no llega a una posta médica, a una escuela rural o a un patrullero que podría salvar vidas.

Reflexión final
Seguir financiando a Petroperú es como pagarle a una garrapata para que siga bebiendo sangre. Mientras no tengamos el coraje de liquidarlo o privatizarlo, el país seguirá condenado a subsidiar un elefante blanco que nunca caminará. Y si los sindicatos protestan, que protesten: el verdadero paro nacional lo sufrimos hace años, cuando el Estado decidió que la prioridad no era la gente, sino la garrapata insaciable llamada Petroperú.

Lo más nuevo

Artículos relacionados