Elecciones 2026: votar por obligación, elegir por inercia

La más reciente encuesta de Ipsos para América Televisión confirma lo que todos intuimos pero nadie dice en voz alta: a pocos meses de las elecciones generales de 2026, los peruanos siguen sin confiar en la oferta política, y la intención de voto es tan baja que parece más un trámite que una convicción. Rafael López Aliaga encabeza con un 10 % de respaldo, seguido de Mario Vizcarra y Keiko Fujimori con 7 % cada uno. Detrás, un mosaico de nombres repetidos y emergentes, y un 37 % de voto blanco o viciado que crece como señal de desconfianza. A este paso, los ciudadanos votaremos más por gravedad que por esperanza, porque la ley obliga y no porque inspire algún candidato.

La encuesta —realizada a 1,220 ciudadanos mayores de 18 años en 24 departamentos y el Callao entre el 25 y 26 de septiembre, con un margen de error de ±2,8 % y un nivel de confianza de 95 %— muestra un país que camina hacia una elección sin norte. Los supuestos líderes no superan el 10 % de respaldo; es decir, nueve de cada diez peruanos no se sienten representados por quien encabeza las encuestas.

Este escenario no es casual. Se alimenta de años de corrupción, promesas incumplidas y autoridades que ven los cargos como trampolines personales. Rafael López Aliaga repite su estrategia de outsider mientras ejerce la alcaldía con recursos públicos; Keiko Fujimori insiste en presentarse como víctima de persecución mientras su partido enfrenta cuestionamientos judiciales; y Mario Vizcarra se cuela en la medición más por confusión con su hermano inhabilitado que por mérito propio. El resto es un menú de nombres reciclados, de los que muchos ya ocuparon cargos sin dejar huella positiva.

El dato más revelador no es quién lidera la encuesta, sino quién lidera el rechazo. Con un 37 % de voto blanco o viciado y un 12 % que no precisa su elección, la desafección ciudadana es más poderosa que cualquier candidatura. Y mientras tanto, los partidos siguen apostando por campañas tradicionales, sin propuestas concretas ni renovación real, confiando en que el cansancio ciudadano juegue a su favor.

El panorama dibujado por Ipsos es preocupante porque anticipa un proceso electoral débil en legitimidad y fuerte en desconfianza. Si apenas un 27 % de los encuestados afirma haber decidido su voto y un 62 % admite que podría cambiarlo, la volatilidad será la norma y no la excepción. En esas condiciones, cualquier candidatura puede imponerse con un porcentaje ínfimo de respaldo real, perpetuando un ciclo en el que los gobiernos nacen débiles y la ciudadanía los abandona antes de que empiecen a gobernar.

Reflexión final
La democracia no se sostiene solo con urnas llenas, sino con votos informados. Hoy, el voto obligatorio parece ser el último hilo que ata a millones de peruanos a un sistema político que sienten ajeno. Pero ni la obligatoriedad ni el miedo al castigo pueden reemplazar la confianza. Si los partidos insisten en ofrecer más de lo mismo y los ciudadanos seguimos votando por inercia, el resultado será un país cada vez más ingobernable y desencantado.

En 2026, los peruanos tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de romper ese ciclo. No será fácil en un escenario dominado por el desánimo y las promesas huecas, pero la alternativa es seguir permitiendo que minorías organizadas decidan por mayorías cansadas. La pregunta es si esta vez asumiremos ese reto o si, una vez más, dejaremos que el voto obligatorio nos arrastre hacia otro gobierno débil y otra decepción anunciada.

Fuente: Encuesta Ipsos para América Televisión (25 y 26 de septiembre de 2025, 1,220 ciudadanos, margen de error ±2,8 %, nivel de confianza 95 %).

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