Dina Boluarte desaprobada por el 96% de los peruanos

En la política siempre hay márgenes de error. En la gestión de Dina Boluarte ya no hay margen alguno. Una encuesta nacional de Ipsos Perú, realizada para América Televisión (25 y 26 de septiembre de 2025, 1,220 entrevistas, margen de error de ±2.8%, nivel de confianza 95%), revela que la presidenta alcanza un 96% de desaprobación y apenas un 3% de aprobación. Nunca en la historia reciente del país —ni en la región— un mandatario había cosechado tanto rechazo. La paradoja es que aún permanece en el cargo, como si sobrevivir en el poder fuera un mérito en sí mismo.

Los números son tan contundentes como lapidarios. Dina Boluarte ha roto el techo del descrédito político. Según Alfredo Torres, presidente ejecutivo de Ipsos, “es un caso perdido… La gente ya no espera nada de ella”. Y esa es quizá la frase que mejor resume la descomposición de un gobierno que se sostiene no por legitimidad, sino por inercia.

No se trata de un simple desgaste del poder, sino de un desplome estructural. Boluarte es castigada por una criminalidad que gobierna las calles, por escándalos ministeriales nunca aclarados y por la incapacidad de dar una respuesta mínima a los problemas de salud, educación y economía. En paralelo, el Congreso también acompaña este funeral político con un 89% de desaprobación, demostrando que el divorcio entre ciudadanos e instituciones es absoluto.

En cualquier democracia funcional, una cifra de este calibre sería detonante de renuncias, adelantos de elecciones o reformas inmediatas. En el Perú, en cambio, se administra como si fuera un detalle estadístico. Boluarte se ha convertido en la presidenta más impopular del planeta y, aun así, insiste en completar el mandato hasta el 28 de julio de 2026.

El país, mientras tanto, avanza en piloto automático: asesinatos, extorsiones, secuestros, cobro de cupos, minería ilegal y narcotráfico marcan la agenda diaria. Los servicios públicos colapsan y la ciudadanía ya no espera soluciones, solo sobrevive. La desafección es tal que incluso la llamada “confusión” en las encuestas —con Mario Vizcarra recibiendo votos destinados a su hermano inhabilitado— es apenas una muestra del vacío político que deja un gobierno al que ya nadie le cree.

Dina Boluarte encarna hoy la paradoja de un poder sin pueblo: gobierna un país que no la quiere y representa a una nación que ya no confía en sus instituciones. El 96% de desaprobación no es solo una cifra, es un grito colectivo. Un grito que denuncia la indiferencia, el desgobierno y el colapso ético de una clase política que sigue administrando privilegios mientras abandona a su gente.

Cuando un gobierno roza el 100% de rechazo, no hablamos de oposición política, hablamos de un consenso nacional de repudio. Lo sorprendente no es que Boluarte sea desaprobada; lo sorprendente es que aún crea que puede gobernar.

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