Dina Boluarte deslegitima marchas de protestas de Generación Z

Dina Boluarte parece haber encontrado a su nuevo enemigo público número uno: la Generación Z. Esa juventud que no pide aviones de guerra, ni blindajes parlamentarios, ni contratos con Petroperú, sino algo tan básico como seguridad, derechos y futuro. Pero la presidenta, en lugar de escuchar, prefirió descalificar. Según ella, los jóvenes que marchan son “resentidos” e “influenciados” por gente que “no trabaja”. Qué curioso: justo el mismo libreto que durante años repitieron quienes hoy disfrutan de trabajar poco y cobrar mucho desde el Estado.

El escenario no fue casual: la ceremonia de presentación del nuevo comandante general de la PNP, general Óscar Arriola, un evento cargado de simbolismo. Desde ahí, Boluarte decidió convertir a los manifestantes en enemigos internos. Insinuó que los jóvenes marchan manipulados por personas que “odian la patria” y “nunca han ganado una elección democrática”. Ironías de la historia: quienes sí ganaron elecciones terminaron convertidos en aliados incómodos de este Gobierno que sobrevive a punta de represión, silencios y viajes internacionales.

El problema es mayor: la presidenta desconoce el derecho constitucional a la protesta pacífica. El artículo 2 de la Constitución y la Convención Americana sobre Derechos Humanos lo garantizan, pero en su narrativa los jóvenes que marchan son simples vándalos, un mal ejemplo para sus hermanos y vecinos. Y mientras predica “puertas abiertas al diálogo”, hace meses que evita responder preguntas de la prensa. Democracia de monólogo, le llaman.

Más aún, Boluarte les dio un consejo a los manifestantes: ir a los ministerios para capacitarse y conseguir trabajo formal. Como si la precariedad laboral, el desempleo y la informalidad —que afectan al 70% de la población joven— se resolvieran llenando formularios en una oficina pública. Tal vez la presidenta olvida que esos ministerios no pueden ofrecer ni un chaleco antibalas a la policía, menos un futuro digno a los jóvenes.

La Generación Z se ha convertido en la pesadilla de un Gobierno que vive del descrédito. No necesitan armas, ni blindajes, ni asesores fantasmas: solo voz, pancartas y redes sociales para incomodar al poder. Y es ahí donde radica su fuerza, porque cada insulto de Boluarte no los debilita, los multiplica.

Reflexión final
Un Gobierno que llama “resentidos” a sus jóvenes no es democrático: es un Gobierno que teme al futuro. Dina Boluarte podrá aguantar hasta el 28 de julio de 2026 con la complicidad de un Congreso igual de impopular, pero difícilmente sobrevivirá en la memoria de la juventud que hoy toma las calles. Ellos ya despertaron. Y cuando la historia los recuerde, no será como “resentidos”, sino como la generación que se cansó de ser espectadora y decidió ser protagonista.

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