El Indecopi ha decidido sorprendernos con una noticia que no sorprende: sancionó al Banco de Crédito del Perú (BCP) con poco más de S/ 100,000. ¿El motivo? Vender un seguro fantasma y permitir que desaparecieran S/ 16,000 de la cuenta de una clienta como si fueran caramelos en Halloween. Una sanción tan baja que para el mayor banco del país no es más que el vuelto que uno se olvida en la billetera. Una vez más queda demostrado que, en el Perú, el sistema financiero juega a la banca, y los ciudadanos, al siempre perdedor cliente cautivo.
Lo del seguro inexistente no es un simple error administrativo: es un fraude maquillado de “servicio financiero”. Una clienta, confiada en que su crédito estaba respaldado por una póliza, descubrió que cuando la necesitaba, la cobertura era tan real como un unicornio. La cereza en el pastel fue que el banco decidió cambiarle unilateralmente las condiciones de pago. En buen cristiano: te endeudan, te engañan y encima te cambian las reglas sin avisar.
El segundo caso raya en lo grotesco: a otra clienta le volaron más de S/ 16,000 de su cuenta. El BCP dijo que todo era válido porque alguien usó su token y clave. Qué conveniente: si te roban bajo sus propias narices, la culpa es tuya por confiar. Y ahí está el punto más escandaloso: los bancos pregonan seguridad de clase mundial, pero en la práctica operan con estándares de barrio, donde el cajero automático parece más vulnerable que un celular sin clave.
El Indecopi, que debería ser el guardián de los consumidores, se presenta como un árbitro somnoliento que pita el foul cuando ya terminó el partido. Una multa de 20.49 UIT para el BCP es menos que la comisión anual que miles de usuarios pagan religiosamente por “administración de cuentas”. En otras palabras: al banco le conviene seguir fallando, porque el negocio de incumplir sigue siendo rentable.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue atrapado en un sistema donde los contratos son escritos en jerga legal para garantizar una sola cosa: que el banco nunca pierda. Y aunque el Indecopi levante la voz de vez en cuando, lo hace como quien regaña suavemente a un niño travieso, sabiendo que al día siguiente repetirá la travesura.
El escándalo no es solo la negligencia del BCP, sino la complicidad estructural de un país donde los bancos son intocables y las multas son apenas cosquillas. Se castiga la apariencia, pero no se toca el modelo que permite que los ciudadanos sean rehenes de comisiones, seguros fantasmas y fallas de seguridad digital que ponen en riesgo los ahorros de toda una vida.
Reflexión final
Indecopi puede seguir repartiendo sanciones simbólicas y los bancos seguirán aplaudiendo en silencio, porque saben que al final la balanza siempre se inclina a su favor. En este contexto, resulta casi irónico que guardar la plata bajo el colchón parezca más seguro que confiarla al sistema financiero. Al menos el colchón no promete lo que no puede cumplir, no cobra comisiones y, hasta ahora, ningún ladrón ha necesitado un token para abrirlo.
