Si en otros países las elecciones se ganan con ideas, en el Perú basta con una cuenta de Twitter, una coartada judicial y un puñado de tránsfugas reciclables. A menos de un año del 12 de abril de 2026, la política nacional se ha convertido en una especie de mercado persa: todos se venden, todos se camuflan, todos se niegan. Y como si fuera un episodio nuevo de la tragicomedia nacional, reaparece Vladimir Cerrón —sí, el mismo que sigue prófugo— para acusar a los ministros de Dina Boluarte de ser “topos” de César Acuña. El doctor en conspiraciones vuelve al ruedo. Solo que esta vez, desde el escondite.
Vladimir Cerrón, líder de Perú Libre y tuitero profesional desde la clandestinidad, ha decidido lanzar misiles virtuales contra los ministros de la presidenta que alguna vez colocó en el poder. Según sus publicaciones en X, los ministros que hoy renuncian al gabinete no están motivados por convicciones ni por principios, sino por un objetivo electoral: sumarse a las filas de César Acuña y su siempre abierto bazar llamado APP.
¿Y qué dice Cerrón? Que estamos en un “gobierno de derecha”, que el verdadero poder lo tiene Acuña, y que lo de Boluarte fue un “golpe de Estado”. Viniendo de quien respaldó a Pedro Castillo hasta el último tuit y luego lo denunció por traidor, estas acusaciones suenan más a despecho político que a análisis serio. Pero en política todo vale: incluso acusar de infiltración a los que alguna vez fueron aliados de facto.
Porque sí: Boluarte, Vásquez, Santiváñez y compañía fueron parte de una maquinaria compartida. Que ahora vistan camisa azul APP no sorprende a nadie. En el Perú, las ideologías se lavan con lejía y se planchan con oportunismo. Los ministros cambian de camiseta como quien cambia de canal, y si alguna vez juraron lealtad a una causa, ya la olvidaron. Porque lo importante no es gobernar: es asegurarse una curul, una bancada, un blindaje.
Y mientras el país se desangra por la delincuencia, la pobreza y la impunidad, la clase política ya entró en campaña. Con prófugos que dictan línea desde la oscuridad, ministros que se reciclan como candidatos, y partidos que sirven como estacionamientos temporales para políticos sin hogar. APP, Perú Libre, Avanza País, Fuerza Popular… todos con sus listas abiertas, sus brazos extendidos, y su historia convenientemente borrada.
Lo tragicómico del caso es que Cerrón, el mismo que evade a la justicia desde hace dos años, sigue teniendo tribuna para denunciar a los “traidores”, como si la traición no empezara por quienes destruyen la institucionalidad desde adentro. Y que Boluarte siga guardando silencio sobre los intereses electorales de sus ministros, como si todo esto no fuera parte de un mismo libreto.
La guerra electoral ya empezó. No con debates, no con planes de gobierno, sino con fuego cruzado entre partidos-empresa, prófugos iluminados y ministros-títeres. Y lo que vemos es apenas el tráiler. Lo peor está por venir: candidaturas exprés, alianzas inverosímiles, y un reciclaje infinito de personajes que ya fracasaron pero siguen volviendo, como si el Perú fuera una serie que nadie quiere cancelar.
Reflexión final
Lo más indignante no es que Cerrón tuitee desde la clandestinidad, ni que los ministros de Boluarte sueñen con una curul en APP. Lo más indignante es que nosotros, los ciudadanos, sigamos naturalizando este espectáculo como si fuera inevitable. No lo es. El Perú merece más que prófugos que pontifican, tránsfugas con disfraz de estadistas y campañas donde la ética es un estorbo. Las elecciones del 2026 deberían ser el momento de exigir dignidad, no de premiar a los reciclados del poder.
