Uvas, paltas y mangos peruanos conquistan el mundo

El Perú vuelve a brillar en el escenario internacional gracias a la fuerza de su agricultura. En los primeros cinco meses del 2025, las exportaciones de frutas frescas crecieron 27.8 %, alcanzando los US$ 2,346 millones, según la Asociación de Exportadores (ADEX). Este crecimiento no solo refuerza la imagen del país como potencia agroexportadora mundial, sino que también demuestra que, pese a la inestabilidad política y económica, el esfuerzo colectivo del campo peruano continúa sosteniendo el desarrollo nacional.

El crecimiento se explica por el impulso de tres protagonistas indiscutibles: la uva, la palta y el mango, que han conquistado los mercados más exigentes del mundo. La uva lidera con US$ 757 millones en ventas (+57 % respecto al 2024), seguida por la palta con US$ 657 millones (+28 %) y el mango con US$ 360 millones (+15.4 %).

Estos resultados no son casualidad. Son fruto de décadas de innovación, tecnificación e inversión en cadenas productivas que han permitido que miles de pequeños y medianos agricultores se integren a la economía global. Detrás de cada tonelada exportada hay historias de familias que, desde los valles de Ica, Piura, La Libertad o Lambayeque, trabajan con esfuerzo y compromiso por mantener la calidad que caracteriza a la fruta peruana.

ADEX recuerda que el Perú ya ostenta títulos importantes: primer exportador mundial de uvas y arándanos frescos, y segundo en palta, solo detrás de México. A ello se suman productos que ganan terreno, como el arándano (US$ 273 millones), la granada (US$ 98 millones), la mandarina (US$ 60 millones) y el banano orgánico (US$ 50 millones), todos con tendencia positiva.

El 89.5 % de las exportaciones corresponden a frutas frescas, mientras que las frutas congeladas, secas y en conserva representan un porcentaje menor, pero con alto potencial de expansión en mercados de nicho. Estados Unidos lidera como principal destino con el 38.7 % del total exportado (US$ 908 millones), seguido de Países Bajos, España, Reino Unido, México, Canadá y China. Este mapa comercial evidencia la diversificación de socios estratégicos, clave para mantener la estabilidad ante las fluctuaciones globales.

El auge frutícola peruano no solo responde a la demanda, sino también a la capacidad del país de adaptarse a las nuevas exigencias del comercio internacional. Las certificaciones sanitarias, las normas ambientales y las políticas de trazabilidad son hoy condiciones indispensables para competir. Empresas exportadoras y cooperativas agrícolas vienen implementando sistemas de agricultura sostenible, uso eficiente del agua y energías limpias, demostrando que productividad y responsabilidad ambiental pueden avanzar de la mano.

Asimismo, la incorporación de tecnologías de riego inteligente, sensores climáticos y agricultura de precisión está transformando los campos de la costa norte y sur en verdaderos laboratorios de innovación agraria. Este cambio tecnológico permite mantener cosechas continuas, mejorar la calidad y reducir el impacto ambiental.

Detrás del éxito exportador, persisten desafíos estructurales que deben ser atendidos con urgencia: la desigualdad territorial, la falta de conectividad rural y el acceso limitado a crédito y capacitación técnica. La gran lección del agro es que el crecimiento económico debe ir acompañado de desarrollo social y redistribución equitativa de oportunidades.

El sector privado ha demostrado que, con reglas claras y visión de largo plazo, es posible construir progreso sostenible. Pero el Estado tiene la responsabilidad de asegurar políticas de inclusión rural, infraestructura y educación técnica que permitan que más agricultores participen de esta cadena de valor que transforma vidas y comunidades.


Las cifras confirman lo que el mundo ya reconoce: el Perú es una potencia frutícola global. Uvas, paltas y mangos no solo son productos de exportación; son símbolos de resiliencia, esfuerzo y excelencia. En tiempos de incertidumbre política, el campo peruano demuestra que el progreso nace del trabajo honesto y organizado, y que el éxito empresarial puede coexistir con la justicia social y el respeto al medio ambiente.

El reto ahora es consolidar este liderazgo con políticas públicas coherentes, innovación permanente y una mirada de futuro que coloque al agricultor en el centro del desarrollo. Porque mientras el campo florece, el Perú también avanza.

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