Infantino planea un calendario con 11 meses de competencia

El fútbol siempre tuvo ciclos: descanso, preparación, competencia y pausa. Pero para Gianni Infantino, presidente de la FIFA, esas palabras son antiguallas románticas. Ahora propone un calendario de once meses de competencia continua, un año futbolístico sin respiro. Según su discurso, se trata de “mantener el interés global”; en la práctica, es convertir el fútbol en una línea de producción infinita, donde el balón nunca deja de rodar y el jugador deja de ser humano para transformarse en un activo corporativo con camiseta.

La idea no es nueva. Qatar 2022 ya fue el laboratorio del experimento: Mundial en invierno, calendario ajustado, pretemporadas recortadas y cuerpos agotados. Pero ahora Infantino va por todo: quiere torneos todo el año, mundiales en meses inusuales y un Mundial de Clubes inflado con 48 equipos que se jugará a mitad de año. Lo que antes era un respiro, ahora será un negocio adicional.

El argumento oficial suena inspirador: “expandir el alcance del fútbol, abrir oportunidades globales, mantener viva la pasión”. Pero detrás de esa retórica corporativa se esconde una maquinaria que mide la emoción en dólares y la pasión en minutos de transmisión. La FIFA ha pasado de custodiar el espíritu del deporte más popular del mundo a manipularlo como un algoritmo de rentabilidad.

Los clubes, mientras tanto, serán rehenes del calendario. Equipos como el Real Madrid, PSG o Manchester City deberán gestionar planteles que jueguen hasta 70 partidos por temporada, con menos tiempo para descansar, entrenar o negociar fichajes. Las lesiones aumentarán, la fatiga mental se volverá rutina, y los jugadores dejarán de rendir no por falta de talento, sino por exceso de exigencia.

Y si esto es así en Europa, ¿qué queda para Sudamérica? Nuestros clubes, con presupuestos limitados y viajes kilométricos, serán piezas descartables en un sistema que los obliga a competir sin descanso pero sin recursos. Los campeonatos locales se verán alterados, las selecciones perderán espacio y las federaciones pequeñas deberán adaptarse o desaparecer.

Infantino lo llama “visión de futuro”, pero más parece una visión de desgaste. El fútbol no necesita más torneos; necesita más respeto por sus protagonistas. Y mientras la FIFA multiplica los campeonatos, los jugadores apenas pueden multiplicar sus pulsaciones. Por eso, desde La Caja Negra, esperamos la voz de FIFPRO, los sindicatos de futbolistas y los clubes, porque si el silencio se impone, el próximo paso será un Mundial cada año y un futbolista sin vacaciones, sin alma y sin piernas.

Infantino quiere un fútbol que nunca duerma, pero lo que logrará será un fútbol sin vida. No hay espacio para la pausa, la recuperación ni el arte. Solo una maquinaria que gira al ritmo del patrocinador y del algoritmo de audiencias. En su afán por eternizar el espectáculo, está matando la esencia misma del juego: el tiempo para sentirlo, extrañarlo y volver a amarlo.

Reflexión final
El verdadero enemigo del fútbol no es el tiempo, sino la codicia. Once meses de competencia no significan más pasión: significan menos humanidad. Si nadie pone un alto, pronto veremos futbolistas lesionados a los 25, selecciones saturadas y torneos que se solapan como una maratón absurda. Desde La Caja Negra lo decimos sin metáforas: el fútbol no necesita más partidos, necesita más respeto. Porque cuando todo se juega, ya nada se disfruta. Y si Infantino sigue jugando con el calendario, el próximo en lesionarse será el espíritu del juego.

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