Ernesto Álvarez: con vinculación al PPC, Fuerza Popular y el APRA

El nuevo presidente del Consejo de Ministros, Ernesto Álvarez Miranda, no necesitó campaña electoral para llegar al poder: le bastó cambiar de camiseta. A sus 64 años, el abogado que ha pasado por el PPC, el APRA y Fuerza Popular encarna el símbolo perfecto del político peruano del siglo XXI: adaptable como un reptil, resistente al escrutinio y alérgico a la autocrítica. Hoy, lidera el primer gabinete de José Jerí, el presidente que aún busca legitimidad, y cuyo primer gran acto de gobierno fue nombrar a un premier que parece salido del museo de la política reciclada.

Álvarez no solo tiene experiencia jurídica: tiene experiencia en sobrevivir a cualquier ideología. Fue presidente del Tribunal Constitucional, conferencista en la “Escuela Naranja” de Fuerza Popular y parte del equipo de gobierno de Alan García en 2016. Una biografía tan variada que parece escrita por un guionista de comedia política. Lo mismo defiende la democracia que coquetea con el autoritarismo; lo mismo habla de institucionalidad que se alinea con el fujimorismo. Lo suyo no es coherencia, es camuflaje.

Pero lo verdaderamente alarmante no es su pasado, sino su presente. Su primera intervención como premier fue atacar a la Generación Z, a los jóvenes que protestan, marchan y reclaman justicia. Los tildó de “subversivos” y de “no entender la institucionalidad”. Un discurso que podría haber firmado cualquier ministro del orden durante los años más oscuros de nuestra historia. Qué ironía: un premier formado en Derecho Constitucional que criminaliza el derecho a la protesta.

Mientras tanto, el país sigue sumido en la inseguridad, la pobreza y la desconfianza. Y el gobierno, en lugar de tender puentes con los sectores ciudadanos que aún conservan fe en la democracia, prefiere declararle la guerra a quienes levantan la voz. Porque en el Perú, protestar se volvió un delito, pero cambiar de partido cada elección sigue siendo perfectamente legal.

El propio Álvarez arrastra seis denuncias archivadas —por corrupción, difamación y hasta violación— que él mismo desestima como inconsistentes. Nada de eso impidió su ascenso. Aquí, los antecedentes judiciales no son un obstáculo: son un requisito de experiencia. En el país donde cada ministro jura con una mano sobre la Constitución y con la otra en el bolsillo, el cinismo se volvió mérito político.

El premier Álvarez representa el retrato exacto de la política peruana: un sistema sin ideología, sin compromiso y sin memoria. Un hombre que ha pasado por todos los colores del espectro partidario y que hoy habla de “decencia institucional” como si no hubiera sido protagonista del mismo deterioro que denuncia.

Reflexión final:
Cuando un gobierno empieza atacando a sus jóvenes y premiando a los viejos camaleones del poder, el futuro se pinta gris. Ernesto Álvarez no solo encabeza un gabinete: encarna la continuidad del oportunismo. Y si el presidente Jerí cree que con eso logrará estabilidad, que mire bien la historia: los camaleones cambian de color… pero nunca dejan de arrastrarse.

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