Los reciclados del 2026: los mismos de siempre con otro logo

Se fue el plazo y llegó el desfile: gobernadores, alcaldes, ministros y vicegobernadores presentaron su renuncia para lanzarse a las Elecciones Generales 2026. Algunos lo hicieron con discursos heroicos, otros con lágrimas fingidas y muchos con la sonrisa de quien vuelve al escenario que nunca quiso abandonar. Lo llaman “vocación de servicio”, pero el país ya aprendió a traducir: significa ambición de poder, reciclaje político y promesas repetidas con nuevo color. El Perú entra otra vez en campaña, con los mismos actores cambiando solo de camiseta.

Entre los primeros de la lista está César Acuña, que vuelve a postular por Alianza para el Progreso (APP). Renunció como gobernador de La Libertad asegurando que deja un “legado transformador”, aunque lo que realmente deja son resoluciones del Jurado Electoral por vulnerar la neutralidad política. Mientras tanto, Rafael López Aliaga —ahora exalcalde de Lima— también abandona su puesto para candidatear con Renovación Popular, convencido de que la alcaldía fue apenas un ensayo general para su ambición presidencial. En su discurso de despedida prometió replicar a nivel nacional sus “hospitales solidarios”. Lástima que los limeños sigan esperando resultados concretos más allá de los slogans celestes.

No podía faltar el exministro Juan José Santiváñez, que dimitió al cargo para “servir desde la democracia”. La frase podría ser inspiradora si no se repitiera cada cinco años como un ritual vacío. También renunció César Vásquez, de APP, quien deja el Ministerio de Salud para lanzarse al Congreso o al Ejecutivo, según sople el viento. En el Perú, los ministerios no son espacios de gestión, son trampolines electorales.

A esta lista se suman autoridades regionales y locales como Luis Trigoso (Moquegua), Luz Canales (Ica), Roly Salazar (Junín) y César Vidaurre (Loreto), todos con la misma lógica: dejar a medias sus funciones para iniciar otra campaña. Son los camaleones del poder, capaces de renunciar un lunes y afiliarse a otro partido el martes.

El espectáculo es el mismo de cada ciclo electoral: los reciclados de siempre cambiando de siglas como si el pasado se borrara con un nuevo logo. La política peruana no evoluciona: se recicla.

El país no necesita candidatos que ya fracasaron en sus cargos, sino líderes que entiendan que servir no es postular eternamente. Sin embargo, las renuncias confirman que el 2026 será una elección entre los mismos rostros y las mismas promesas, apenas maquilladas con nuevas pancartas.

Reflexión final
Cada cinco años, los políticos se disfrazan de esperanza para luego volver a ser decepción. Los electores también tienen una responsabilidad: recordar. Recordar quiénes renunciaron a su deber para perseguir un cargo. Recordar quiénes prometieron obras y dejaron deudas. Porque el mayor enemigo del Perú no es la corrupción en sí misma, sino la memoria corta de quienes vuelven a votar por los mismos.
El 2026 no debería ser otra elección más: debería ser el año en que el país deje de reciclar su clase política y empiece, por fin, a renovarla.

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