«Clave» de la muerte de ‘Trvko’ está en el plan de operaciones

Un artista muerto en protesta, un suboficial detenido siete días y un guion que pretende reducirlo todo a “quién jaló el gatillo”. No. La pregunta central es quién diseñó, autorizó y supervisó el operativo. La “clave” no es un tecnicismo: es el plan de operaciones completo, con firmas, horarios, anexos y órdenes de uso de la fuerza. Si de verdad ahí está la verdad, que se abra ya —sin tachaduras ni pretextos.

César Nakazaki dice que hay que “interpretar adecuadamente” lo dicho por el comandante y distinguir entre “autor del disparo” y “autor de asesinato”. Correcto… pero insuficiente. El video muestra disparos. Un documento policial señala que los agentes implicados debían estar sin armamento. Esa contradicción no se resuelve con semántica; se resuelve con responsabilidades.

El argumento de que “no encontrarán al presidente o al ministro en el plan” intenta levantar un muro entre política y operación. Ese muro es ficticio. La política fija reglas, define protocolos, exige controles y rinde cuentas. Si el plan prohibía armas y hubo armas, hubo desobediencia operativa y falla de supervisión. Si el plan autorizaba armas, hubo diseño de riesgo y falla de mando. Si el plan es ambiguo, la ambigüedad fue política y operativa. En los tres casos, la cadena de mando existe y debe responder, de arriba abajo.

La balística importa, pero llegó tarde: se pericia días después, cuando ya se contaminaron escenas y relatos. Exijamos lo mínimo democrático: publicación del plan íntegro; registro de quién ordenó qué y cuándo; geolocalización, munición asignada y disparos efectuados por cada efectivo; listado de comunicaciones radiales; y resguardo inmediato de cámaras corporales y de seguridad. Además: suspensión preventiva de todos los responsables de la unidad hasta esclarecerse los hechos, protección a testigos y peritajes independientes.

La justicia no puede conformarse con un “gatillero” útil y una institución indemne. El país no necesita un chivo expiatorio; necesita una cadena de mando trazada con tinta y consecuencias. O hay protocolo, o hay arbitrariedad. Si hubo órdenes, que aparezcan; si no las hubo, que expliquen por qué salieron a la calle sin reglas claras.

Reflexión
El papel lo aguanta todo menos la sangre. Si el plan es la “clave”, que abra todas las puertas: quién diseñó, quién autorizó, quién controló y quién falló. De “autor del disparo” a “autor de la impunidad” hay un solo paso: el silencio del Estado. Romperlo es justicia; mantenerlo es complicidad.

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