Dictarán sentencia contra Guillermo Bermejo este viernes

Este viernes 24 de octubre, a las 4:00 p. m., no solo se leerá un fallo: se medirá el pulso de un Estado que dice combatir el terrorismo mientras corteja votos. Guillermo Bermejo —hoy congresista, mañana aspirante frustrado o mártir rentable— escuchará sentencia por afiliación a Sendero Luminoso. La izquierda ya prepara dos discursos: uno para celebrar la absolución y otro para denunciar una “persecución”. Ninguno resuelve lo esencial: ¿qué dicen las pruebas y qué hará el sistema de justicia con ellas?

La Fiscalía no ha llevado poesía, llevó testimonios y trazas: colaboradores identifican a “el Che”, viajes al VRAEM entre 2008 y 2009, reuniones con los Quispe Palomino, documentos doctrinarios, logística y hasta intentos de internacionalizar mensaje (FARC incluida). La defensa responde con un libreto más pulcro: conferencias sobre derechos humanos, libre comercio y coyuntura; misma ruta, distinto propósito. Ya hubo dos absoluciones; la Corte Suprema las anuló y ordenó mirar de nuevo, sin romanticismo ni histeria.

Aquí conviene recordar una obviedad incómoda: si hay condena, la Ley N.° 26859 cierra la puerta a cualquier candidatura. Por eso, el ruido no es casual; es campaña preventiva. La encuesta que lo ubicó con 2% no lo vuelve mayoritario, pero sí símbolo; y los símbolos valen más que los votos cuando se trata de construir relatos.

El expediente tiene dos talones de Aquiles posibles. Para la Fiscalía: la credibilidad y corroboración de testigos y colaboradores, la cadena de indicios y su coherencia temporal. Para la defensa: la verosimilitud de dictar “conferencias” en la ruta de campamentos terroristas y la frecuente coincidencia entre discurso y geografía. No es un duelo de consignas; es un examen de evidencia, con reglas procesales, estándares probatorios y, sí, consecuencias políticas.

Lo peor que puede pasarle al país no es una condena ni una absolución, sino una sentencia mal motivada. Si condenan, que sea porque los hechos se probaron con rigor; si absuelven, que sea porque la acusación no alcanzó el umbral. El resto es espuma electoral. Lo que está en juego es la autoridad de un Poder Judicial capaz de decidir sin aplausos ni silbidos de tribuna.

Reflexión final
El terrorismo fue y es una línea roja. La política, en cambio, suele pintarla con tiza para poder borrarla cuando conviene. Este viernes, que hable la evidencia y que la sentencia se sostenga sola. Si el fallo resiste la luz, la democracia gana; si necesita sombras, todos perdemos. La justicia no puede ser escenario: debe ser veredicto.

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