Diez días, tres postales: dos artistas asesinados en Sarita Colonia, una madre muerta por balas en Lurín y ráfagas frente a Plaza Norte. Mientras la criminalidad impone su agenda, el presidente José Jerí recorre penales, camina avenidas y felicita policías. Buena escenografía; nula estrategia. La pregunta es sencilla: ¿quién dirige la lucha contra el delito mientras el país asiste a una gira de imágenes?
El patrón es conocido: extorsión que se cobra por WhatsApp, bandas que presionan con videos, sicarios que actúan con armas automáticas. La respuesta oficial, en cambio, es analógica: más patrullajes sin mapa, discursos sin indicadores, homenajes que confunden moral con resultados. En el Callao, la Timbera Orquesta quedó de luto bajo veinte casquillos; en Lurín, una combi acribillada dejó al chofer y a su copiloto sin vida y a otros pasajeros heridos; en Independencia, quince disparos cerraron una agencia de turismo por segunda vez. El mercado del miedo funciona mejor que el Estado.
La seguridad no se dirige desde la vereda. Se dirige con un plan nacional, metas públicas y responsables con nombre y apellido. Ciberinteligencia para rastrear cobros y redes; unidades de investigación criminal con presupuesto real; trazabilidad financiera para cortar el flujo de dinero; protección a víctimas y testigos; control interno con dientes para sancionar abusos y corrupción; y coordinación fiscal-policial basada en objetivos verificables, no en conferencias. Si el Gobierno liderara, veríamos un tablero semanal con homicidios, extorsiones, golpes a bandas, bienes incautados y sentencias logradas. Hoy vemos visitas, no victorias.
Convocar “a todos los sectores” no es un eslogan: es sentar a alcaldes, fiscales, Poder Judicial, MTC, Sunat y empresas de telecomunicaciones en una sala de crisis, con cronogramas y KPIs. Y si faltan capacidades, el país necesita asistencia técnica internacional ya: modelos de Medellín pos-2002 para homicidios, mesas de trazabilidad financiera al estilo Italia contra el crimen organizado, y estándares de evaluación británicos (OSINT/HUMINT) para priorizar objetivos. Lo demás es ruido.
Conclusión
El Gobierno confunde presencia con liderazgo. Las giras fotogénicas no sustituyen un plan. Presidente Jerí: publique en 15 días —no 15 discursos— una estrategia con metas trimestrales, presupuesto, responsables y auditoría ciudadana. Designe un zar anticrimen evaluado por resultados, no por ceremonias. Si la prioridad es la vida, que lo demuestren los números y no las cámaras. Porque hoy, mientras la vitrina luce ordenada, el fondo del país sangra. Y nadie debería acostumbrarse a eso.
