Un presidente aparece 46 segundos, pronuncia “estado de emergencia” y se retira. El crimen organizado, que no toma feriados, agradece la cortesía: una medida sin plan es un intermedio musical entre dos balaceras. Lima y Callao entran en pausa institucional por 30 días; las bandas, en cambio, siguen a tiempo completo. Si esta es la “ofensiva”, el enemigo puede dormir la siesta.
El libreto es el de siempre: patrullaje “focalizado”, controles de identidad, prohibición de dos en moto, fuerzas combinadas, apagón en celdas, restricciones en penales. Mucho verbo, cero vértebra. El país no necesita más retenes fotogénicos ni tours por cárceles: necesita cerebro, cartera y cronograma. Lo que está ausente es dirección: un mando unificado con poder real para alinear PNP, FF.AA., INPE, Migraciones, SUNAT y UIF; inteligencia financiera que congele activos en 72 horas; cárceles blindadas con bloqueo auditado y requisas externas; protección de testigos para que los casos respiren; y un tablero público de KPIs por distrito con metas semanales: extorsiones, capturas, condenas, decomisos, tiempos de respuesta. Lo demás es espuma.
Jerí ensaya gestos: compra rochabuses, visita penales, felicita operativos. ¿Resultado? Bandas que cobran “seguridad” a paraderos, orquestas con chaleco antibalas, choferes extorsionados, mercados con tarifas mafiosas. Declarar emergencia sin método es echar agua al incendio con un vaso de plástico. Y mientras algunos piden “más Fuerzas Armadas”, nadie explica quién manda, dónde, con qué reglas y para alcanzar qué metas. Sin cadena de mando, la “fuerza combinada” deriva en confusión combinada, y la confusión es oxígeno para la criminalidad.
El argumento oficial es que “no hay tiempo que perder”. Exacto: por eso hace falta plan, no titulares. Los 30 días deberían venir con hoja de ruta presupuestada, responsables con nombre y apellido y un parte de guerra semanal en cadena nacional. Si el Gobierno no puede presentar eso, lo honesto es admitir que la emergencia es un atajo retórico para cubrir la falta de estrategia.
Un estado de emergencia sin objetivos medibles es un aplauso sin función. El liderazgo se demuestra con prioridades, números y plazos, no con cronómetros. Si al día 10 no bajan las extorsiones ni suben las capturas y condenas, la medida habrá sido un nuevo ensayo de improvisación.
Reflexión final
La Caja Negra defiende una regla simple: la vida primero, el dato después, el discurso nunca. Presidente Jerí, el crimen ya tiene plan y horario. O usted establece el suyo —integral, público y auditable— o el país seguirá contando muertos mientras el Gobierno cuenta segundos.
