Diez días después del asesinato de Eduardo Ruiz, la Generación Z convoca: sábado 25 de octubre, 2:30 p. m. en Plaza Francia; 5:00 p. m. frente al Palacio de Justicia. En medio de un estado de emergencia que suspende reunión y tránsito, el Gobierno pide “orden” sin mostrar plan y el Congreso lava las manos con discursos reciclados. La juventud no va por selfies: va por cuentas claras. Y eso, para quienes mandan, es más inquietante que cualquier megáfono.
En la vitrina oficial, todo suena a manual: “pasamos a la ofensiva”, “fuerzas combinadas”, “control de identidad”, “prohibiciones”. En la trastienda, faltan lo único que importa: metas, cronograma, presupuesto, responsables con nombre y apellido. La Z ya descifró el truco: si no hay indicadores, lo que hay es improvisación con uniforme. Por eso marcha. No para chocar, sino para auditar: cadena de custodia blindada en el caso de Eduardo, pericias con fecha, publicación de videos, trazabilidad del arma, y sanciones donde corresponda. Y no, la seguridad no se rescata en 46 segundos de prime time.
Mientras los colectivos citan “ni un muerto más”, surge una marcha “por la paz” a favor de la PNP, aunque la propia institución reconoció al suboficial que disparó. Dos convocatorias en el mismo reloj: una para exigir verdad; otra para exigir silencio. La democracia admite ambas, pero solo una resiste las preguntas difíciles. Si el Gobierno pretende reducir la protesta a “riesgo de alteración”, la Z responderá con su especialidad: evidencia, cámara encendida y archivo compartido.
El miedo real del poder no es la bulla; es el método. Esta generación no hereda consignas, contrasta datos, desarma relatos y convierte la calle en aula. Si el Ejecutivo insiste en gobernar por decreto y el Parlamento por inercia, la Z hará lo que mejor sabe: convertir la indignación en procedimiento.
El 25 no se discute el derecho a marchar; se discute la calidad del Estado. ¿Hay investigación independiente, peritajes verificables y un plan de seguridad con objetivos medibles? ¿O solo hay un reglamento de restricciones para administrar el ruido? Responder con más policía que evidencia es confesar que el problema no es el desorden en la calle, sino el vacío en el gobierno.
Reflexión final
La Caja Negra defiende una regla simple: menos retórica, más resultados. La Z no pide permiso: toma lista, pone rúbrica y califica. Presidente y Congreso: presenten el trabajo con fuentes, metodología y anexos. Sin eso, no hay “confianza” ni “paz” que valgan. Hay ciudadanía en modo auditoría—y esa, a diferencia de los decretos, no caduca a medianoche.
