Ocho años. Ese es el tamaño del engaño que Indecopi acaba de certificar: durante ocho años Laive vendió como “artesanal” un Queso Fresco producido con lógica industrial. ¿La sanción? 20 UIT, poco más de S/100 mil. Ocho años de ventaja competitiva contra productores genuinos y consumidores confundidos, pagados con el vuelto de una campaña. Si la autoridad quería dar una señal, la dio: en el Perú, mentir durante ocho años puede salir barato.
El rótulo “Queso Fresco Artesanal Laive” prometía manos, lotes pequeños y tradición. La realidad fue planta, escala y marketing. Indecopi lo llama por su nombre: acto de competencia desleal por engaño. Ordena retirar la publicidad y aplica 20 UIT. Pero ocho años de posicionamiento no se corrigen con una multa que no toca la rentabilidad del truco. El consumidor pagó un valor que no existía; el productor realmente artesanal compitió contra una ilusión sostenida ocho años; ninguno recibe reparación.
La otra mitad de la historia también dura ocho años: ¿dónde estuvo Indecopi mientras la etiqueta circulaba en empaques, web y redes temporada tras temporada? El regulador llega tarde y con poco: sin estándares verificables para usar “artesanal”, sin auditorías periódicas, sin sanciones proporcionales a facturación y a la duración de la infracción, sin mecanismos de resarcimiento colectivo. Se castiga el acto, pero no se desarma el incentivo. Con ese diseño, el engaño prolongado es un costo operativo, no un riesgo real.
Un mercado serio no premia la persistencia del error; la penaliza. Multas variables según ventas del producto y años de engaño. Devolución del beneficio ilícito a favor de consumidores e impulso a cadenas realmente artesanales. Publicidad correctiva con el mismo alcance y el mismo tiempo que duró la promesa falsa. Certificación independiente y trazable para cualquier claim de origen o “artesanal”, con auditorías sorpresa y sanción agravada por reincidencia. Registro público de infractores con consecuencias comerciales, para que ocho años no vuelvan a pasar inadvertidos.
Laive mintió sobre su queso; Indecopi lo comprobó. Pero sancionar con una cifra que no compensa ocho años de ventaja es institucionalizar el atajo. Proteger competencia y confianza implica quitar la ganancia, reparar a quien pagó la ilusión y dejar claro que el tiempo del engaño incrementa el castigo.
Reflexión final
El consumidor no compra poesía; compra verdad. Si ocho años de “artesanal” falso se saldan con 20 UIT, el mensaje es tóxico: la mentira a largo plazo es negocio. Que este caso marque un antes y un después. Lo contrario sería admitir que la góndola aguanta todo… incluso ocho años de silencio.
