83% desconfía de la PNP: alarmante respuesta de los ciudadanos

Cuando ocho de cada diez peruanos no confían en su policía, no hablamos de una mala racha, sino de una falla estructural. La PNP registra apenas 14,2% de confianza —cifra histórica a la baja, según el INEI y el Observatorio Nacional de Seguridad Ciudadana— mientras el Ejecutivo y el Congreso compiten por el mismo sótano. Es el síntoma de un país que se descose por las costuras: el contrato moral entre Estado y ciudadanía está roto, y la calle lo sabe.

La lista de golpes a la credibilidad no requiere imaginación: un joven artista muerto con un disparo atribuido a un agente; represión desproporcionada en protestas; y casi mil efectivos detenidos este año por delitos que van desde violencia contra la mujer hasta corrupción y atentados contra la vida. Frente a eso, abundan ceremonias, menos diagnósticos; más sirenas, menos resultados. Se responde a extorsiones digitales con retenes analógicos; a redes criminales, con comunicados. El mensaje implícito es demoledor: “confíe en nosotros… cuando podamos”.

No es solo ética, es desempeño. La ciudadanía no pide heroísmos cinematográficos, pide trazabilidad: homicidios a la baja, bandas desarticuladas, dinero y armas incautados, sentencias firmes. Nada que no pueda exhibirse en un tablero público por comisaría y región, con metas trimestrales y responsables con nombre y apellido. Y, sí, una depuración real: inspectoría autónoma con plazos fatales, expulsión inmediata ante evidencia sólida y protección del debido proceso; cámaras corporales obligatorias; cadena de custodia auditada; sanción ejemplar a la corrupción interna. Sin controles, la retórica es ruido.

La PNP necesita, además, inteligencia aplicada: una unidad de cibercrimen con presupuesto real para cortar la extorsión donde vive —mensajería cifrada, cuentas mulas, pasarelas de pago—; equipos mixtos fiscal-policía que persigan nodos financieros, no solo gatilleros; cooperación con Sunat y la UIF para seguir la plata; y un programa de protección a denunciantes y víctimas que rompa el silencio por miedo. Patrullaje por cuadrantes, presencia a pie y métricas por turno: seguridad que se vea y se mida.

Con 14,2% de confianza no se patrulla un barrio, menos un país. La PNP no recuperará legitimidad con homenajes ni estados de emergencia; la recuperará con verdad, control y resultados verificables. El Ejecutivo y el Congreso tienen una tarea simultánea: blindar la independencia operativa y exigir cuentas públicas, cada mes, sin maquillaje.

Reflexión final
La confianza no se decreta: se gana. Sin métricas, no hay relato; sin depuración, no hay autoridad; sin resultados, no hay paz. La Caja Negra lo resume así: o la institución se reforma a la vista de todos, o el 83% será apenas el preludio de una ruptura más profunda.

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