La ONPE reparte propaganda gratuita a 39 organizaciones: TV, radio y “plataformas digitales” vía el portal Claridad. Minucias de calendario, montos al centavo, catálogos prolijos. Todo suena a orden suizo… hasta que llegamos a redes. Ahí, la franja se vuelve tubo de ensayo: se promete equidad mientras las métricas viajan en sobre cerrado. Elegimos con “responsabilidad”; pautamos con ojos vendados.
Los números lucen técnicos: 60% obligado a TV y radio; 40% a digital. El 45% de la contratación va a TV, 35% a redes y 20% a radio; 73% se concentra en coberturas locales. Siete partidos ya gastaron todo; otros siete “reservan”. ¿Y el ciudadano? Mira el rastro… que no existe. ¿Qué valida Claridad cuando un partido elige un medio, un canal o un creador? ¿Alcance real o promesas en PDF? ¿Viewability o impresiones fantasma? ¿Audiencias humanas o zoológico de bots? Si la respuesta es “confíe”, el sistema no es transparente: es creyente.
La regulación de contenido (legalidad, veracidad, igualdad, no discriminación) es necesaria, pero la batalla real está en la ingeniería de la pauta. Plataformas y “creadores digitales” entran al banquete: ¿con qué criterios? ¿Quién certifica que no viven de medias verdades, edición ventajosa o “análisis” con conflicto de interés? Si el 40% puede ir a digital, el 40% puede financiar burbujas. La franja, pensada para equilibrar, puede terminar premiando la opacidad con fondos públicos.
Seamos serios: la equidad no se mide en minutos, sino en trazabilidad. Sin biblioteca en tiempo real de todos los anuncios —creativos, montos, segmentación, alcance, frecuencia, correcciones— con API abierta, seguimos jugando a la democracia en penumbra. Sin auditoría antifraude independiente (detección de inventario inválido, granjas de clics, picos anómalos), el engagement es un chiste caro. Sin prohibir dark posts y microtargeting sensible, convertimos la franja en bisturí para segmentar miedos. Y sin un registro público de creadores con historial de sanciones, el “influencer” del día se vuelve notario de lo indemostrable.
La ONPE garantiza reglas; el ecosistema digital puede torcerlas sin dejar huella. Repartir pauta sin auditar lo que importa es distribuir megáfonos, no información. Franja sin métricas abiertas es igualdad de fachada: bonita en power point, inútil en la calle.
Reflexión final
Si “Elegir con responsabilidad” va en serio, “Medir con evidencia” debe ir primero. Menos brochure, más tablero vivo. Menos confianza a ciegas, más verificación pública. La franja es del ciudadano, no de los algoritmos: o se ilumina cada impresión, o aceptamos que la democracia se compre al por mayor en el feed.
