El país pidió gobierno y recibió una imitación. José Jerí ha convertido la seguridad en un vestuario: madrugada en penales, recorridos por comisarías, pose de control ante cámaras. La referencia a Bukele es evidente, pero el calco no trae política pública. El problema de fondo sigue intacto: no hay plan de gobierno hasta el 28 de julio de 2026 con metas, presupuesto y responsables. Hay foto. No hay dirección.
Trasladar internos peligrosos puede ser correcto; convertirlo en la columna vertebral de una estrategia es renunciar a gobernar. La criminalidad no se reduce con un set penitenciario. Se reduce con inteligencia que desactive extorsiones, con trazabilidad que corte el dinero sucio, con coordinación fiscal y policial que llegue a la sentencia, con control interno que sancione abusos y con protección real a víctimas para romper el silencio. Nada de eso aparece como prioridad. En su lugar, se recicla el mismo guion: decreto, operativo, conferencia. El delito, que no espera conferencias, avanza.
El país no está para coreografías. Salud arrastra brechas, la escuela pierde aprendizajes, el campo carece de crédito y asistencia, la minería opera sin previsibilidad. Un presidente conduce el conjunto; no dirige una pasarela de madrugadas. Visitar penales no sustituye un plan nacional con indicadores por región. Felicitar policías no reemplaza la exigencia de resultados verificables. Comprar equipos antidisturbios no equivale a bajar homicidios ni a desarticular bandas.
El mimetismo con Bukele es la salida fácil: uniforme, encuadre, mensaje severo. Aquí falta lo esencial: hoja de ruta, cronograma público, rendición de cuentas regular. La autoridad no nace del gesto, nace del dato que resiste auditoría. Si la extorsión sigue cobrando, si los sicarios siguen contratándose, si el dinero sigue circulando, el espectáculo se vuelve coartada. La gente no quiere shows de máxima seguridad; quiere barrios seguros.
Imitar no es gobernar. El Perú necesita rumbo, no reflejos. La medida de la autoridad es simple: menos víctimas, menos extorsión, más justicia efectiva. Todo lo demás es ruido.
Reflexión final
Presidente Jerí: abandone el espejo. Presente ahora un plan nacional con metas fechadas, responsables visibles y reporte público periódico. Conduzca al Estado o admita que el espectáculo fue un atajo. La calle ya distingue entre pose y poder. Y hoy reclama resultados, no cámaras.
