Los millennials (28–43 años) son hoy una fuerza económica clave: estudian, trabajan, emprenden y sostienen hogares. Pero también arrastran la mayor carga financiera. Un estudio de Equifax señala una deuda promedio de S/ 9,614 y un 43% con pagos atrasados. Detrás hay tarjetas usadas como “sueldo extendido” (promedio en tarjetas: S/ 5,966), créditos vehiculares (S/ 39,000) e hipotecas (S/ 229,000). La buena noticia: la deuda puede ser palanca de progreso si se gestiona con reglas claras, educación y productos financieros responsables.
El problema no es el crédito, sino su uso. La SBS recomienda que el servicio de deuda no supere el 30% del ingreso mensual; sin embargo, cerca del 30% de millennials usa la tarjeta para cubrir gasto corriente, abriendo la puerta a mora y sobreendeudamiento (morosidad total estimada: S/ 10,007 millones y US$ 79 millones). La respuesta debe ser integral, ética y pro-consumidor.
Para el sistema financiero y fintech: (1) evaluación crediticia basada en capacidad real de pago y no solo en scoring; (2) “diseño con protección”: topes automáticos, alertas tempranas y simuladores obligatorios antes de cada compra en cuotas; (3) consolidación de deudas con tasas más bajas, plazos razonables y cláusulas de salida transparentes; (4) reportes mensuales simples y comparables que permitan al usuario ver costo total y avance de amortización. La transparencia no es un favor: es condición para competir sin abusos.
Para el Estado y reguladores: educación financiera desde secundaria, incentivos tributarios a productos de refinanciación responsable, reglas claras para publicidad de crédito (prohibir mensajes que incentiven el “compra ahora, preocúpate después”), y un registro de tasas efectivo-anual estandarizado y público. Además, justicia accesible y rápida para controversias de consumo: la informalidad y la opacidad castigan más a quien menos gana.
Para las empresas y sindicatos: programas de bienestar financiero (talleres, asesoría, ahorro por planilla), adelantos de sueldo con costos explícitos y convenios con cooperativas sólidas. Y para cada persona: tres hábitos simples con gran impacto—presupuesto 50/30/20 adaptado, “regla de 24 horas” para compras no esenciales, y un fondo de emergencia de al menos dos salarios.
Los millennials no son “el problema”, son el termómetro de un sistema que debe madurar. El crédito bien usado financia estudios, vivienda y emprendimientos; mal usado, ahoga. Si alineamos incentivos—educación, transparencia, productos justos y responsabilidad individual—la generación más endeudada puede convertirse en la más solvente. Crecer con ética es posible y, hoy, imprescindible.
