Cada 31 de octubre, Lima vibra en dos frecuencias que, lejos de anularse, se potencian: Halloween estimula la creatividad y el gasto; el Día de la Canción Criolla sostiene la memoria, la familia y el barrio. La Cámara de Comercio de Lima proyecta consumos que van de S/ 60 a S/ 300 según el plan elegido, mientras bares y restaurantes esperan tickets de S/ 80 a S/ 150, con picos en peñas y espectáculos en vivo. La cuestión empresarial no es cuál celebración “gana”, sino cómo ambas se convierten en motores de empleo, formalización y confianza bajo reglas claras, seguridad efectiva e inclusión real.
Los datos del GRIM-USIL muestran una ciudad mayoritariamente festiva: 83% celebrará alguna actividad, con preferencia por Halloween (63%) sobre la Canción Criolla (28%). Entre quienes participan en Halloween, casi todos planean disfrazarse y buscan inspiración en el cine, las series y las redes sociales, que se han vuelto la cartelera informal de la noche limeña. En la orilla criolla, aunque una porción menor la elige como primera opción, una mayoría abrumadora reconoce su valor para la identidad cultural y se inclina por reuniones familiares, almuerzos en restaurantes típicos y peñas donde la música y la cocina sostienen la convivencia.
Ese paisaje abre oportunidades concretas. El comercio popular puede organizar ofertas por nivel de gasto sin perder transparencia de precios, incorporar pagos digitales y presentar empaques reutilizables que reduzcan residuos. La gastronomía gana cuando comunica aforos en tiempo real, garantiza higiene visible y ofrece alternativas para públicos diversos, desde opciones sin alcohol hasta menús pensados para niñez y adultos mayores. El entretenimiento mejora su propuesta si ordena flujos por horarios, cuida la accesibilidad y publica códigos de conducta que prevengan el acoso. Las autoridades, por su parte, pueden convertir el espacio público en un aliado con rutas peatonales señalizadas, paraderos temporales, fiscalización pedagógica y gestión de residuos que integre a recicladores formalizados. La comunicación responsable en redes, con información clara sobre accesos, seguridad y precios, evita sorpresas y fortalece la reputación de marcas y locales.
Todo esto solo es sostenible si se asume un compromiso ético: contratos formales a trabajadores eventuales, cumplimiento tributario, proveedores en regla y cero tolerancia a la discriminación y a cualquier forma de violencia. Cada sol que circula adquiere mayor valor cuando la cadena es limpia y la experiencia, segura y digna.
Halloween dinamiza el presente; la Canción Criolla preserva la raíz. Con coordinación público-privada, estándares sanitarios, igualdad de trato y comunicación transparente, la noche del 31 puede ser un puente entre consumo y cultura. Dos celebraciones, una misma apuesta: una economía que crece con integridad y no deja a nadie atrás.
