Sesenta y cinco orquestas rindiendo hasta el 30% de sus ingresos a bandas criminales no es anécdota: es un sistema. El país baila al ritmo del “cupo”, mientras José Jerí responde con visitas a penales, operativos sin brújula y la enésima “emergencia” que no cambia la partitura. Resultado: artistas con chaleco antibalas, escenarios vacíos y una ciudadanía que aprende, a golpes, que la seguridad pública es un servicio intermitente.
Los hechos son tozudos. Lima Norte concentra llamadas de extorsión; tras balaceras, Agua Marina se retira temporalmente; managers confirman pagos regulares para “poder trabajar”. La economía cultural, que alimenta a miles de familias, se negocia con pistola en la mesa. Y el mensaje que circula entre criminales es nítido: pagar funciona, denunciar no. ¿Qué hizo el Ejecutivo que encabeza José Jerí? Declarar un estado de emergencia que ya fracasó en su prueba más básica: impedir asesinatos y atentados. No hay mando unificado real, no hay tablero público de metas, no hay inteligencia financiera que congele activos en 72 horas, no hay protección efectiva para denunciantes ni recompensas que se paguen sin laberintos.
Se le vende al país control de protestas como si fuera control del crimen. Se exhiben requisas y traslados de internos como si fueran desarticulaciones de redes. Se confunde ruido con resultados. Mientras tanto, los extorsionadores profesionalizan la cadena: capturan locales, imponen tarifas, lavan en empresas “blancas” y castigan con sicarios. José Jerí, en cambio, improvisa como si la delincuencia fuera un solo desbocado y no una orquesta afinada.
Basta de efectos especiales. José Jerí no perdió “la narrativa”, perdió el control del territorio y de los flujos de dinero que sostienen a las mafias. Llamar “lucha contra el crimen” a visitas a penales y operativos esporádicos es administrar la estadística, no proteger vidas. Cuando 65 orquestas pagan cupo para trabajar y los homicidios no ceden con la “emergencia”, el fracaso no es coyuntural: es de diseño.
Un gobierno que se respete habría publicado ya un plan con metas semanales verificables por distrito, responsables con nombre y DNI, presupuesto trazable y sanción política por incumplimiento. Si Jerí no puede alinear PNP, Fiscalía, INPE, Sunat, Migraciones y municipalidades en una sola cadena de mando —con golpe financiero inmediato, protección real a denunciantes y cárceles sin telefonía ilegal— entonces no está dirigiendo: está mirando.
La medida de este gobierno no será su próximo mensaje, sino el primer cupo que deje de cobrarse y la primera red que caiga con sus finanzas congeladas. Todo lo demás es ruido para la foto.
Reflexión final
La Caja Negra defiende una ecuación simple: si los artistas pagan, gobiernan los criminales. La partitura para corregirlo existe: inteligencia, trazabilidad, coordinación y rendición de cuentas. Falta quien la dirija sin concesiones ni excusas.
