Pedro Pablo Kuczynski reaparece y dispara una frase incómoda: el Congreso estaría dirigido por “bandas” con nombre y apellido. Más allá del estilo, el diagnóstico toca hueso: caudillismos empresariales convertidos en partidos, bancadas como holdings y una agenda legislativa que camina al ritmo de Keiko Fujimori, César Acuña y José Luna. No es ideología; es negocio. Y el REINFO —esa puerta giratoria para la minería ilegal— es el ejemplo más didáctico de cómo la norma se vuelve servicio personalizado.
Kuczynski afirma que “no son partidos tradicionales”. Tiene razón: son maquinarias con propietario, marca registrada y plan comercial. El Parlamento procesa su cartera de intereses con la precisión de un call center: blindajes selectivos, contrarreformas, nombramientos a la medida y una Comisión de Ética que sanciona cuando ya nadie mira. El resultado es una democracia de utilería donde la representación se subarrienda a padrinos con chequera y operadores con fuero.
El REINFO destila la lógica: bajo la coartada de “formalización”, se perpetúa la extracción ilegal que depreda ríos, financia mafias y captura gobiernos locales. Cada prórroga es una amnistía en cuotas; cada “ajuste técnico”, una invitación a seguir cobrando peaje ambiental. Y mientras esa caja negra se consolida, el Congreso simula “lucha contra el crimen” a punta de titulares y estados de emergencia que no desarman ninguna red.
PPK, de paso, coloca el foco donde duele: la agenda real es específica y rentable. No hace falta leer entre líneas; basta revisar qué proyectos se aceleran, cuáles se duermen y quiénes ganan cuando la ley queda con espacio en blanco para reglamentos a conveniencia. Así, el Legislativo dicta la partitura y el resto del Estado baila: reguladores desfinanciados, fiscalías saturadas, contralorías en modo bombero y una ciudadanía que paga la factura en seguridad, salud y servicios.
No alcanza con la denuncia ingeniosa. Se requieren cambios que quiten el negocio de las manos de sus dueños: ley de partidos con democracia interna real y sanciones efectivas, financiamiento político trazable en tiempo real, padrón obligatorio y público de cabildeo, eliminación del REINFO como agujero de impunidad y cláusulas anticorrupción que inhabiliten a empresas y personas para contratar con el Estado por años, no por semanas.
Reflexión
El Congreso puede seguir siendo estudio de grabación de tres padrinazgos o recuperar su función de contrapeso y representación. La política no se limpia con conferencias; se limpia con reglas que duelen a quienes se acostumbraron a escribirlas. Menos caudillos, más instituciones. Ese es el único “bloque” que le conviene al país.
