El liderazgo mundial del arándano peruano —con alrededor del 35% de participación— entra en una fase estratégica. Japón evalúa abrir su mercado y enviará una misión a Ica para revisar campos, I+D y plantas de empaque. No es solo un nuevo destino; es una oportunidad para diversificar riesgos, elevar precios, premiar la calidad y reafirmar un modelo exportador que combine productividad, sostenibilidad y ética en toda la cadena.
El interés japonés se alinea con una tendencia nítida: consumidores que priorizan alimentos saludables y funcionales. En 2024, las importaciones globales de arándanos alcanzaron US$ 7.350 millones, 30% más que en 2023, con Estados Unidos, Países Bajos, Alemania, Reino Unido, Canadá, China, España y Hong Kong liderando la demanda. Japón ocupó el puesto 26 y compra fresco, congelado, deshidratado y derivados de alto valor, un portafolio en el que el Perú puede competir si culmina el protocolo fitosanitario que hoy gestiona Senasa. El acceso abriría espacio para temporadas en que Chile y México tienen ventanas más acotadas, y reforzaría la ventaja peruana de abastecimiento casi continuo gracias a condiciones de costa y sierra.
La campaña reciente confirma músculo y desafíos. Entre mayo y septiembre de 2025, los envíos superaron 135.000 toneladas, 92,9% más que el año previo; a la fecha se acumulan más de 215.000 toneladas —55% a 60% de la meta de campaña— con previsión de una salida más corta que las estimaciones iniciales. La geografía comercial sigue concentrada en Estados Unidos, Europa y China, que absorben cerca del 83% del total. Bolivia e Indonesia se sumaron como destinos y se gestionan accesos con Japón, Vietnam y Nueva Zelanda. La base técnica acompaña: unas 65 variedades —con nueve dominantes— sostienen calibre, sabor, vida postcosecha y resistencia al transporte refrigerado, atributos cruciales para llegar lejos sin perder calidad.
Para que el salto a Japón y a Asia sea sostenible, el sector debe blindar su reputación con trazabilidad verificable, cumplimiento laboral, cuidado hídrico, reducción de residuos y transparencia en precios y contratos. La ética no es un adorno de marketing: es el seguro del negocio frente a la indiferencia, los abusos y cualquier forma de corrupción que erosione la confianza de compradores y ciudadanos.
Abrir Japón no es solo conquistar un mercado; es consolidar un estándar. Si el país culmina el protocolo, fortalece la logística de frío, invierte en I+D varietal y protege a las y los trabajadores del campo, el arándano peruano seguirá liderando por calidad y por principios.
Reflexión final
Cada fruto que cruza fronteras lleva un mensaje sobre quiénes somos. Que el “oro azul” no solo sepa bien: que también demuestre que el Perú puede competir con integridad, cuidando la tierra y a su gente.
