Primer mes de gestión de José Jerí: sigue la inseguridad y muertes

Treinta días bastaron para confirmar que el cambio prometido fue solo un rebranding del desgobierno. José Jerí llegó con discurso de renovación, pero su gestión parece escrita con el mismo libreto que sus antecesores: visitas a penales, operativos relámpago para la prensa y un estado de emergencia que sirve más para las cámaras que para los ciudadanos. El país sigue sangrando, las calles siguen tomadas y el crimen sonríe desde la impunidad.

En su primer mes, el Sinadef registró 129 homicidios, 55 solo en Lima. No hay un solo día sin asesinatos. La extorsión —esa industria del miedo— crece un 27% respecto al año pasado: 23 mil denuncias hasta octubre. El país se ha convertido en un campo minado, donde los delincuentes cobran cupos con la misma naturalidad con la que el Estado emite decretos. La diferencia es que ellos sí cumplen su palabra.

Jerí repite el ritual del político sin brújula: decretar emergencias, posar entre uniformados y tuitear esperanza. Pero el estado de emergencia ya se ha vuelto un placebo nacional: 16 veces aplicado en los últimos gobiernos, 16 veces inútil. Las bandas siguen operando desde las cárceles, las balas siguen viajando con precisión quirúrgica y la población sigue escondiéndose tras rejas improvisadas. La estrategia de seguridad se resume en una consigna: aparentar control mientras todo se desmorona.

El presidente confunde liderazgo con exposición mediática. Mientras reparte discursos y selfies en comisarías, el crimen organizado avanza con lógica empresarial: diversifica, expande y se consolida. La minería ilegal, el narcotráfico y el “gota a gota” han tejido una economía paralela más eficiente que la formal. El Perú está a un paso de convertirse en un narcoestado de manual, con autoridades más concentradas en la narrativa que en la acción.

Jerí prometió recuperar la autoridad, pero su gobierno parece más interesado en la estética del poder que en ejercerlo. No hay plan nacional, no hay metas medibles, no hay coordinación entre ministerios. Hay micrófonos, decretos y silencio ante los resultados. El crimen se institucionaliza mientras el Estado ensaya comunicados.

Reflexión final
El primer mes de Jerí es un retrato incómodo del país: un presidente que posa, un Estado que improvisa y una ciudadanía que sobrevive. Gobernar no es recorrer cárceles ni declarar emergencias; es rescatar al Perú del miedo. Y ese rescate aún no comienza.

Lo más nuevo

Artículos relacionados