Hildebrandt cuestiona sondeo de CPI “¿Nos han creído idiotas?»

El Perú amaneció con una noticia que desafía la lógica y la memoria: José Jerí, el presidente interino que lleva apenas un mes en el cargo, tiene —según CPI— 55,9% de aprobación. En un país donde no baja la delincuencia, la corrupción campea y la política es un cementerio de credibilidad, esa cifra suena menos a medición que a acto de magia. César Hildebrandt, fiel a su lucidez, lo dijo claro: “¿Nos han creído idiotas?”. Pues parece que sí.

Las encuestas en el Perú ya no son termómetros, son termas: se usan para calentar la opinión pública. Basta recordar —como hace Hildebrandt— aquel video donde Vladimiro Montesinos confesaba pagar 20 mil dólares por encuesta. El libreto no ha cambiado: un nuevo rostro, un gobierno tambaleante, y de pronto, un gráfico que parece salido de un sueño dorado. ¿Cómo logra Jerí 55% sin resultados, sin reformas, sin políticas concretas? Simple: con titulares, spots y estadísticas que huelen más a encargo que a ciencia.

La trampa está en la narrativa. Nos quieren vender la idea de que el país “recupera la esperanza” mientras seguimos contando muertos, extorsiones y promesas vacías. La encuesta legitima lo ilegítimo, lava la precariedad con porcentajes redondos y sirve de propaganda para un poder que busca sobrevivir. En este guion, el pueblo no opina: lo hacen opinar. La cifra reemplaza a la gestión, el titular reemplaza al hecho, y el margen de error reemplaza al debate.

¿Quién audita las encuestas? Nadie. ¿Dónde está la ficha técnica completa? Oculta en letra pequeña o diluida en tecnicismos. Se nos exige creer, no preguntar. Y mientras tanto, Jerí sonríe ante cámaras como si hubiera conquistado el Everest del respaldo ciudadano, cuando apenas ha trepado la colina de la indiferencia mediática.

La encuesta de CPI no mide aprobación: mide la capacidad del poder para fabricar percepción. Es una operación de imagen, no una fotografía del país real. En un Perú donde la confianza pública cuesta más que el oro, estas cifras infladas no son inocentes: son estratégicas.

Reflexión final
Si los números ya no reflejan la realidad, sino la conveniencia del poder, estamos ante una nueva forma de manipulación política: la estadística de la fe. Nos quieren hacer creer que el 55,9% es esperanza; en verdad, es el reflejo de un sistema que, sin vergüenza, sigue pensando que el pueblo no razona, sino que se encuest… anima.

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