La Generación Z convoca paro nacional este 14 de noviembre

El paro nacional del 14 de noviembre no es una marcha: es una sentencia. La Generación Z —esa juventud que creció entre la corrupción y la violencia— vuelve a tomar las calles porque el Gobierno de José Jerí ha demostrado que puede posar ante la prensa, pero no gobernar. Mientras el país sangra bajo la extorsión, el sicariato y el miedo, el presidente hace turismo político por penales y comisarías. El Estado está en emergencia, pero por ausencia.

La protesta no surge del caos, sino del vacío. Las regiones confirman su participación —Cusco, Puno, Arequipa, Lambayeque— porque la delincuencia avanza sin freno y el Ejecutivo no ofrece un plan, solo patrullajes con cámaras. El estado de emergencia se volvió rutina y fracaso: los muertos se multiplican, los criminales dominan barrios enteros y las familias se encierran por miedo. La autoridad se limita a repetir los errores del pasado, disfrazados de “estilo bukeliano”, una imitación sin estrategia ni resultados.

El poder criminal ya no se oculta: extorsiona a transportistas, empresarios, vecinos. Opera con logística, financiamiento y protección política. Mientras tanto, el Gobierno improvisa. No hay inteligencia financiera para rastrear dinero sucio, no hay coordinación real entre Policía, Fiscalía y Poder Judicial, no hay control de las operadoras que venden chips a delincuentes. Se gobierna desde la apariencia: operativos fugaces, discursos duros, titulares para las redes. El fondo sigue intacto. Y cuando el presidente elige la cámara antes que la planificación, el crimen gana terreno, la ciudadanía pierde esperanza y la democracia se vacía de sentido.

Los defensores de Jerí alegan que “apenas lleva un mes” y que “la gente pide firmeza”. Pero la firmeza no se declama: se demuestra con resultados. En treinta días, Jerí ha mostrado dirección, sí: hacia el espectáculo. Gobernar no es posar. Gobernar es asumir el costo de desmontar las redes criminales que hoy se sienten intocables. La paciencia ciudadana no dura más que un ciclo de noticias.

Conclusión
El 14 noviembre no es un paro: es una advertencia. El país exige seguridad real, no propaganda. Si Jerí insiste en confundir liderazgo con autopromoción, la calle se lo recordará —con la fuerza que la historia reserva a los gobiernos que creen que la indignación se disuelve frente a una cámara. Menos luces, más Estado. Menos discurso, más acción. Porque el miedo ya gobierna, y el presidente aún no se entera.

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