“Puno se respeta”: el sur le marca el límite a José Jerí

“No vamos a permitir que ingrese, Puno se respeta”. La frase, lanzada por dirigentes de San Román, no es solo rechazo a una visita oficial: es una línea roja política. Declarar persona no grata a José Jerí y anunciar que no será bien recibido en Puno expresa algo más profundo: el sur andino ya no está dispuesto a prestarse para giras de imagen de un gobierno al que percibe como continuismo, no como cambio.

Puno no habla en abstracto. Habla desde los muertos, desde la represión reciente, desde una sensación de deuda histórica nunca saldada. Cuando los dirigentes afirman que Jerí “simboliza el continuismo de la dictadura y de los partidos de ultraderecha, responsables de la matanza de nuestros hermanos”, colocan al actual presidente en la misma línea de una gestión que dejó heridas abiertas y ninguna respuesta política de fondo.

La gira por regiones quiere vender cercanía; Puno la lee como provocación. No hay reconocimiento de responsabilidades, no hay agenda clara sobre justicia, reparación ni seguridad ciudadana, no hay señales de ruptura real con el Congreso que los manifestantes califican de corrupto y funcional al avance del crimen. En ese contexto, la visita no se interpreta como diálogo, sino como puesta en escena.

La decisión de sumarse al paro nacional del 14 y 15 de noviembre, convocado por la Generación Z, refuerza el mensaje. Puno articula sus banderas a las de una generación que rechaza la impunidad, la inseguridad y un sistema político que se recicla sin reformarse. “Que se vayan todos”, “cierre del Congreso podrido y corrupto”, dicen los dirigentes. Puede gustar o no, pero es una radiografía del nivel de desgaste institucional.

Mientras tanto, Jerí responde con más de lo mismo: estados de emergencia fallidos, visitas a penales, discursos de orden sin resultados visibles. Y un estilo comunicacional que ya ha sido cuestionado incluso desde el comentario político limeño: se le pide que se comporte como presidente, no como “palomilla de Twitter”. La distancia entre el territorio y Palacio no es solo geográfica; es ética y política.

“Puno se respeta” condensa un hartazgo y una advertencia. El sur ya no acepta ser escenografía de ningún gobierno. Si Jerí insiste en recorrer regiones sin cambiar el rumbo —sin tocar la impunidad, sin corregir el modelo de seguridad, sin abrir un diálogo real sobre justicia y representación— su gira será un catálogo de portazos. Un presidente se legitima donde más le cuesta: frente a quienes tienen memoria. Hoy, esa memoria le está diciendo, con todas sus letras, que el respeto no se exige: se demuestra.

Lo más nuevo

Artículos relacionados