Ministerio Público incauta lingotes de oro de la minería ilegal

Mientras el Ministerio Público incauta barras de oro como si estuviera vaciando una bóveda paralela, José Jerí sigue recorriendo cárceles y comisarías en modo visita guiada. De un lado, cuatro lingotes por 34,86 kilos valorados en más de S/ 12,3 millones, otra barra de 5,77 kilos por más de S/ 2 millones, y una adicional cercana a 7 kilos por más de S/ 3,2 millones. Del otro, un presidente ocupado en la escenografía de la “seguridad”, mientras la minería ilegal y el lavado de activos avanzan con una tranquilidad que ya es mensaje político.

Las fiscalías especializadas han seguido la ruta del oro y lo que aparece no es un incidente aislado, sino un sistema: propietarios sin cómo sustentar legalidad, empresas investigadas, 34 declaraciones aduaneras, exportaciones por 168,7 kilos de oro y cargamentos listos para salir hacia India, Italia y Emiratos Árabes Unidos. Es una industria criminal con logística, financiamiento, contactos en aduanas y compradores globales. Funciona con más coordinación que cualquier política anunciada por Jerí.

Y mientras esas redes engrasan su maquinaria, Jerí parece haber reducido la lucha contra el crimen a tres recursos: chaleco, micro y helicóptero. Las imágenes se repiten: ingreso a un penal, recorrido por una comisaría, saludo a las tropas, frase dura contra la delincuencia… y vuelta a empezar. Todo muy fotogénico, pero la pregunta de fondo no se mueve: ¿dónde está la estrategia contra el oro ilegal que financia todo lo demás?

Las incautaciones demuestran que el problema no es falta de información, sino de decisión presidencial. Ya se sabe que el oro sin trazabilidad se concentra en almacenes, cruza puertos, pasa por intermediarios y termina en mercados internacionales. Sin embargo, Jerí no impulsa una trazabilidad estricta del mineral, ni una reforma aduanera profunda, ni una coordinación visible entre SUNAT, UIF, Cancillería, Policía y fiscalías. Las cadenas del delito se siguen sofisticando; la respuesta política, no.

Lo que hoy la Fiscalía entrega al Banco de la Nación como barras incautadas, Jerí lo devuelve al sistema como señal de debilidad: sí se puede golpear al negocio, pero no hay conducción desde arriba para convertir chispazos en política de Estado. El mensaje hacia las mafias es nítido: el riesgo existe, pero es asumible.

Reflexión final
Un presidente que mira lingotes incautados como anécdota y no como síntoma renuncia, en la práctica, a disputar el control del país. Si José Jerí no entra al corazón del negocio —puertos, bancos, exportadoras, rutas del oro—, seguirá administrando la puesta en escena mientras el delito le escribe el guion de fondo. Y en ese reparto, los únicos que siempre ganan son los que nunca salen en la foto.

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