Juegos Bolivarianos: el gran fracaso de Oscorima en Ayacucho

Ayacucho se preparaba para mostrar al continente el “legado histórico” de Wilfredo Oscorima: el Estadio Cuna de la Libertad Americana, símbolo de una región erguida como “territorio sudamericano del deporte”. La realidad es brutal: a cinco días de los Juegos Bolivarianos 2025, el estadio no existe como sede. Apenas 22% de avance físico, presupuesto disparado a S/ 422,6 millones, pagos irregulares por S/ 92 millones y solo 5 de 70 disciplinas en casa. El fracaso no es un accidente: tiene nombre, decisiones y responsables políticos.

En diciembre de 2024, Oscorima prometió inaugurar el coloso en diciembre de 2025, garantizando “liquidez” y exigiendo confianza ciega: “No hagan caso a los mediocres ni a los opinólogos. Crean en mí”. Dina Boluarte lo respaldó públicamente: “Sin estadio, ¿dónde hacemos los Bolivarianos?”. Un año después, el estadio es un esqueleto y los Juegos llegan mutilados a Ayacucho.

La Contraloría documentó lo que se intuía: entre diciembre de 2023 y marzo de 2025 se aprobaron pagos irregulares por más de S/ 92 millones al consorcio constructor. Adelantos sin la carta fianza adecuada, recursos que debieron ir a un fideicomiso que terminaron en cuentas privadas del contratista, aplicación fraudulenta de normas diseñadas para MYPE a un consorcio que no lo era, pérdida de dominio sobre recursos públicos y vulnerabilidad financiera de la región. Hay 15 funcionarios y exfuncionarios con presunta responsabilidad penal y administrativa.

El costo del estadio casi se triplicó: de S/ 141,9 millones en 2017 a S/ 422,6 millones en 2025, mientras la obra no supera un cuarto de ejecución.

En paralelo, el proyecto alimentó violencia (enfrentamientos armados entre sindicatos de construcción), redes de favor político y figuras como Edgar Taboada, operador cercano a Oscorima, que rota entre cargos, contratos “técnicos” hechos a la medida y planillas de “operario” en una obra donde nunca trabajó físicamente. Todo amparado por cambios normativos internos y un aparato regional dispuesto a adaptar las reglas a sus lealtades.

Pese a ello, el GORE insiste en vender la marca Ayacucho como “Región Sudamericana del Deporte”, mientras solo alberga cinco disciplinas y exhibe estructuras incompletas a los evaluadores internacionales. La narrativa oficial ignora el concreto expuesto, las adendas y la deuda con la ciudad.

Los Juegos Bolivarianos 2025 en Ayacucho son un fracaso anunciado, construido ladrillo a ladrillo por una gestión que privilegió la propaganda sobre la obra, el círculo político sobre el interés público. No basta con lamentarse: se necesita sanción efectiva, recuperación de recursos, inhabilitaciones y la garantía de que este modelo de megaproyecto inconcluso no se repita.

Reflexión final
Ayacucho merecía un estadio lleno, no promesas vacías. El verdadero legado de estos Juegos no puede ser un esqueleto de S/ 422 millones y una foto con la antorcha: debe ser la decisión ciudadana de no volver a premiar a quienes convierten el deporte en escenografía para su carrera política. Solo así, algún día, los aplausos serán para los atletas y no para los discursos que nunca se cumplen.

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