Arrancan los Bolivarianos y Ayacucho sin sedes terminadas

Faltan cuatro días para el inicio de los Juegos Bolivarianos Lima–Ayacucho 2025 y, en Ayacucho, la escena es todo menos deportiva: sedes inconclusas, estadios a medio construir, inspecciones de última hora y un gobernador regional, Wilfredo Oscorima, que guarda silencio. Mientras el país se prepara para recibir a más de 4.000 atletas de 17 países, Ayacucho exhibe estructuras incompletas y promesas rotas. El “legado” se parece más a un proyecto abandonado que a una fiesta del deporte.

El consejero regional Julio Valdés lo dice sin rodeos: el estadio Cuna de la Libertad —ex ciudad universitaria de Cumaná— tiene un avance de apenas alrededor del 20%. Otro escenario clave, el estadio Las Américas, tampoco está terminado y “no ofrece que los Juegos Bolivarianos se lleven a cabo a cabalidad”. Resultado concreto: las disciplinas previstas se reducen a apenas cinco en Ayacucho. El resto del calendario se salva, como siempre, desde otras sedes y a último minuto.

La Defensoría del Pueblo advierte que incluso en estas condiciones se piensa utilizar infraestructuras inconclusas, al punto de que IPD y Gobierno Regional organizan inspecciones contrarreloj para ver “cómo se puede hacer”. Es decir, primero se promocionó el evento, luego se improvisan las garantías. La planificación, otra vez, llega tarde.

La Contraloría, además, reveló que 15 funcionarios del Gobierno Regional habrían permitido la entrega irregular de 92 millones de soles al consorcio a cargo del estadio Cuna de la Libertad, como adelanto para la compra de materiales. Adelantos sin las garantías adecuadas, recursos públicos en riesgo y una obra que sigue siendo un esqueleto. En este contexto, el silencio de Oscorima no es prudencia: es una señal de desprecio por la rendición de cuentas. Ni él ni sus voceros han dado una explicación clara al país ni a la región que gobiernan.

Los Juegos Bolivarianos llegarán igual, con ceremonia, delegaciones y fotos oficiales. Pero el mensaje que deja Ayacucho es devastador: se puede aspirar a sede internacional sin terminar la casa, se pueden comprometer millones en infraestructura sin asegurar su culminación, se puede recibir a miles de atletas mientras las observaciones de la Contraloría quedan flotando en el aire. No es un problema técnico: es un modelo de gestión.

Reflexión final
El deporte debería ser sinónimo de disciplina, esfuerzo y juego limpio. En Ayacucho, en cambio, los Bolivarianos comienzan entre andamios y expedientes. La región merecía estadios listos, no parches desesperados. La ciudadanía también compite: o normaliza este patrón de obras inconclusas y silencios oficiales, o exige, de una vez por todas, que quienes prometen “legado” respondan por cada ladrillo que nunca colocaron.

Lo más nuevo

Artículos relacionados