En medio de una economía global marcada por tensiones comerciales, el Perú recibe una noticia que abre una ventana de oportunidad: 100 productos peruanos ingresarán a Estados Unidos con arancel 0%, según informó el Mincetur. Se trata, sobre todo, de bienes agroexportadores –palta, café, cacao, cítricos, mango, jengibre, jugos– que representan el 24% de la canasta exportadora hacia ese mercado. Detrás de este anuncio hay algo más que cifras: está en juego cómo distribuimos los beneficios, cómo reducimos desigualdades y cómo evitamos que un buen acuerdo termine capturado por pocos.
La decisión de EE.UU. de retirar un impuesto del 10% a estos productos —en el marco de una revisión de 237 bienes de distintos países— corrige, en parte, una política arancelaria que encarecía el ingreso de alimentos peruanos y restaba competitividad a pequeños y medianos exportadores. Hoy, las ventas hacia EE.UU. suman unos US$ 1.200 millones, en su mayoría del sector no tradicional, con mayor valor agregado y más empleo por dólar exportado.
Para el país, el mensaje es claro: si sabemos aprovechar este alivio arancelario, podemos profundizar la diversificación productiva, fortalecer cadenas sostenibles y generar trabajo digno en el campo. Pero no basta con vender más; hay que vender mejor. Esto implica contratos transparentes, respeto a los derechos laborales, trazabilidad ambiental y un sistema tributario que no permita la evasión ni elusión de quienes más ganan con este contexto favorable.
No todo es perfecto: productos emblemáticos como los arándanos quedaron fuera de la lista, en parte porque Estados Unidos también los produce. Eso obliga a la agroindustria peruana a competir no solo en precio, sino en innovación, calidad, logística y contraestación. La respuesta no puede ser la queja fácil, sino la inversión en tecnología, riego eficiente, investigación y acceso a crédito justo para los productores que siguen trabajando en condiciones difíciles.
El 0% de arancel para 100 productos no es un regalo: es una oportunidad condicionada. Condicionada a que el Perú refuerce su infraestructura, reduzca trabas burocráticas, combata la corrupción en puertos y aduanas, y acompañe a los pequeños productores con asistencia técnica real, no solo discursos. Si lo hacemos bien, este acuerdo puede consolidar a Estados Unidos como un socio estratégico, sin depender de un solo mercado ni renunciar a otros destinos como la Unión Europea o Asia.
Reflexión final
Defender la ética en los negocios también es preguntarse quién gana y quién queda fuera cuando bajan los aranceles. Que cada caja de palta, cada saco de café o cacao que cruce el continente no sea solo una historia de éxito empresarial, sino también una historia de justicia, inclusión y respeto por las manos que sostienen la base de nuestra economía.
